Justicia

Andrea hizo todo lo que pudo y más

andrea

Golpeó puertas hasta que la CIDH envió su petición al Estado Argentino que ahora tiene 90 días para responder a las denuncias. Desde que comenzó a sufrir violencia machista por parte de quien era su marido, Andrea Vázquez generó estrategias para proteger a sus tres hijos y así misma.

El médico Pablo Ghisoni  la denunció entonces, inventando impedimento de contacto. El sistema judicial de Lomas de Zamora hizo lugar a  la acusación por ese delito penal creado al servicio de disciplinar mujeres, que siendo madres se enfrentan a los violentos. Aunque Andrea fue absuelta, la Justicia no revirtió la decisión de otorgar a favor del denunciado la tenencia de los tres niños.

Durante cuatro años sus hijos solo la vieron, por cumpleaños o algún día de la madre  en contactos supervisados. Apenas diez encuentros breves, nunca a solas, en oficinas judiciales o negocios de comidas rápidas. Siempre felices por encontrarse y tristes por tener que separarse.

A pesar de la desesperación en el primer tiempo por volver a la casa materna algo cambia en el discurso del hijo mayor y esto es interpretado por los organismos que debían protegerlo como consentimiento. “Es su decisión”, dicen. Y avalan que conviva con un abusador. Allí no ven ni la Lic. Pilar Molina ni sus equipos manipulación o “lavado de cerebro”.

Cuidado, por fin, con el abrazo de la madre y de Agustín, su padre del corazón, otro hijo cuenta que era medicado, él entiende que para tenerlo silenciado y ciego frente a lo que ocurría en aquella otra casa.

En esa época eran serios los problemas del joven en la escuela, que hoy es vicepresidente de su centro de estudiantes. Ponerle palabras a la historia develó que la violencia padecida  incluía reiterados abusos sexuales. Con todas las pruebas posibles en delitos de estas características Pablo Ghisoni fue acusado de abuso sexual y, tanto la Cámara Gesell como  las pericias médicas, confirman los dichos de los jóvenes.

A pesar de esta confirmación el sistema de protección no resguardó del abusador al hijo mayor. Ni define la situación a favor de los menores. No lo hizo la justicia con el juez Lullo en el trámite, no lo hizo la Dirección de Niñez de la Provincia de Buenos Aires. No lo hizo quien era la abogada del niño, Cristina Menéndez de Robertis. No lo hace la asesora Marisa Snaider. Antes, después y ahora, se acusó a Andrea de un inexistente síndrome, llamado de Alienación Parental (ISAP)

De los menores se dice que su mamá les lavó el cerebro. Del más grande se dice que elige libremente no ver a su madre ni a sus hermanos y quedarse con el acusado y con la familia paterna. El más pequeño tiene pesadillas cada vez que lo citan a las audiencias, carece de patrocinio ya que quien fuera su abogada (“del niño”) -Sylvina Gandione- hoy es testigo del abusador en la causa penal.

El pedido de explicaciones de la CIDH alimenta la esperanza de terminar con la tortura legal y lograr justicia y cárcel contra Ghisoni, hay cientos de madres protectoras que ven allí la posibilidad de que algo cambie en este sistema judicial patriarcal que garantiza impunidad a los violentos y dolor y desamparo a las víctimas.

Que no se las siga persiguiendo por proteger, que no deban ellas conceder, ante la amenaza de llevarse a sus hijos/as la entrega forzada a los progenitores denunciados. Esperamos la respuesta a los requerimientos  que debe dar hoy el Estado Argentino.

Cientos de madresprotectoras la esperan.

 

 

Liliana Hendel

Liliana Hendel

Me recibí formalmente de Psicóloga y la vida me convirtió en Periodista. Feminista en cualquier circunstancia. Tengo la alegría de haber llevado los temas de géneros al ámbito de los noticieros en la televisión abierta. Me honraron con menciones y premios. Sigo, a pesar de las resistencias, porque lo personal es político y la historia la escribimos cada día. Esta vez no permitiremos que la borren.

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