Fotografía

Zapatos rojos, la muestra que busca abrir conciencias

zapatos rojos
“Zapatos rojos”, la instalación contra la violencia de género que recorre el mundo visibilizando femicidios y problemáticas que sufren mujeres y niñas, desembarcó en San Isidro en el marco de octava edición de la feria Arte Espacio de la mano de su creadora, la artista mexicana Elina Chauvet, quien espera que esa puesta conceptual y estética “funcione para abrir conciencias”.
Unos 300 pares de escarpines, tacos altos, botas, pantuflas y zapatillas (que la gente donó especialmente tras una convocatoria) intervinieron con un poderoso color rojo la terraza del espacio Darwin en el Hipódromo de San Isidro -sede hasta mañana de la feria Arte Espacio- para advertir un dolor: la ausencia de niñas y mujeres en todo el mundo víctimas de la violencia machista.
La creadora de ese montaje es la artista mexicana Elina Chauvet, quien desde el año 2009 empezó con este proyecto en su Ciudad Juárez y desde entonces su trabajo circula como obra colectiva de concientización sobre las violencia de género, una trágica problemática que, por lo menos en Argetina, se traduce en un femicidio cada 30 horas, según datos de la ong La Casa del Encuentro.
Si bien la propuesta ya fue instalada en numerosos lugares del país (Chaco, por caso), ésta fue la primera vez que Chauvet viajó para su instalación. Emocionada hasta las lágrimas de alegría, la artista mexicana formada como arquitecta, cuenta en entrevista con Télam que este camino lo empezó en absoluta soledad y sin recursos pero “soñando con que se podía”. No sólo se pudo, sino que además la obra se replicó también en Italia, España o Reino Unido.
Uno de los primeros montajes de “Zapatos rojos” fue frente al Palacio de Gobierno del estado mexicano de Chihuahua, el mismo lugar donde fue asesinada una madre en huelga de hambre que reclamaba por su hija desaparecida. Los pares de calzado color rojo al aire libre empezaban a caminar hasta transformarse en lo que son hoy: un poderos símbolo de toma de conciencia sobre femicidios y otras problemáticas que lastiman a las mujeres.
zapatos ¿Cómo nació la instalación?
La concebí por el amor a mi hermana que fue asesinada por violencia de género y por el dolor de su ausencia, que es un dolor compartido por millones de familias de todo el mundo, como el caso de las mujeres desaparecidas de Ciudad Juárez cuyas madres están siempre en duelo esperando que lleguen sus hijas. Son madres que no están muertas pero tampoco están vivas. Tenía la necesidad de hacer público el dolo y el vací­o dejado por las hijas, hermanas, madres y esposas
Quería que fuera una obra que pudiese viajar con una mirada conceptual y estética. La diseñé con la idea de se replique a partir de réquisitos mínimos, hago hincapié en que la gente me busque para hacer la obra para que no pierda su mirada conceptual y estética porque es una obra de arte. Y además  voy haciendo una memoria de esas historias: cada replica es una memoria de lo que pasa con las mujeres en esa ciudad.
 ¿Y por qué zapatos rojos?
-Los zapatos representan la ausencia y el rojo para mí tiene un doble significado porque es el color de la sangre pero también es el color del amor, del corazón. No es un mensaje de desesperanza ni tragedia, es un mensaje que puede reconfortar porque finalmente es una pieza que nace del dolor y del amor.
Cuando pensé cómo podía hacer para que la obra viaje de manera conceptual aparecieron los zapatos, que son conseguidos como parte de una campaña: se convoca a una donación de zapatos para iniciar la instalación y esto activa una red que  comunica el tema de la violencia hacia las mujeres y se va expandiendo, permea  todos los núcleos sociales. Es una obra trasversal que invita a cualquier persona de la sociedad a participar.
Es una obra que trasciende a su creadora…
Sí, yo quería eso, quería que el público se volviera parte de la pieza y que tuviera algo de cada persona porque los zapatos es algo muy personal. Se vuelve un asunto tuyo porque participas, es algo que nos une, es el caminar juntos con un tema tan profundo que toca el corazón.
La instalación está pensada para ser montada al aire libre o en el espacio público, ¿por qué esa decisión?
Yo había empezado a reflexionar sobre el problema y hacer el duelo de mi hermana a través de pinturas y dibujos. Pero ya no me conformaba en expresarlo en salas de museos o galerías y sabía que para generar una reflexión colectiva debía estar en el espacio público. A medida que fui abriendo mi conciencia quise abrir la los demás, demostrar que como sociedad normalizamos estas violencias que no son normales.
Y para eso tenía que compartir esta forma de pensar con muchas otras mujeres porque  durante años y años la sociedad aceptó la violencia como parte del rol de nosotras: sometidas, violentadas física y verbalmente, emocional y económicamente.
 ¿Y qué rol juega el arte en ese sentido?
Cada artista habla desde lo que vive y no creo que un artista tenga que estar comprometido con la cuestión social pero en mi caso me atraviesa. Y creo que a través del arte es posible abrir conciencias, reeducar, reeducar a nuestros hijos y cambiar porque en la actualidad estamos viendo índices de violencias tremendos entre los seres humanos.
Y bueno me doy cuenta que no soy yo sola quien piensa de esta manera, el resultado está en todas las personas que dejan sus zapatos porque al dejarlos están diciendo que están de acuerdo, están queriendo cambiar el mundo. Eso me habla de la urgencia porque es un problema que nos afecta a todos no sólo a las mujeres.
“Zapatos rojos” salió a recorrer el mundo, a llenar las calles de conciencia… ¿cómo cree que ha repercutido esta alerta de conciencia?
Nos dio la oportunidad de poder salir y hablar públicamente porque muchas personas se siente en soledad o les da vergüenza expresarlo. A través de los zapatos la gente puede hablar de este problema, considerarlo y tratar de cambiar. En un nivel personal, puede buscar apoyo porque no es lo mismo estar aislado a que sean muchos expresándonos sobre lo mismo.
Creo que esta instalación ha unido a muchas mujeres y en su génesis la idea fue que se haga redes de mujeres que después sigan trabajando juntas, apoyándose. Y en todo esto, los zapatos rojos se han vuelto un símbolo que nos hacen acordar que todavía existe la violencia y es necesario tomar conciencia sobre eso.
La nota fue publicada en: www.telam.com.ar
Milena Heinrich

Milena Heinrich

Estudiante de Antropología en la UBA. Periodista de la Sección Cultura de la Agencia Télam.

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