Entrevista

“Voy a luchar para no seguir sosteniendo las desigualdades”

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Fabiana Tuñez habla a borbotones, con la fluidez de quien sabe de lo que habla y está segura de sus convicciones. Tiene una pequeña dificultad con la “r”, que le sale impura, afrancesada. La letra “c” de “cama” le costó un año y medio pronunciarla. Cuando le salió, lloró. La “m” de “mujeres” y la “p” de “patriarcado” también fueron difíciles. Le salían nasales. Para aprender a pronunciar cada letra, inflaba globos, se grababa, ejercitaba horas. Vivió una infancia de recitado de letras y palabras, mientras le realizaron más de una docena de cirugías para corregir su labio leporino. Con todo, dice ahora, esos recuerdos le acarician el alma.

Paradojas de la vida, Fabiana Tuñez es la gran comunicadora de los derechos de las mujeres. “Mi mayor debilidad, es mi mayor fortaleza”, se define.

Fundadora de “La Casa del Encuentro” junto a un grupo de compañeras en el año 2004, acaba de asumir al frente del Consejo Nacional de las Mujeres. “Mi palabra vale”, dice presentándose en este nuevo rol de funcionaria que estrena después de toda una vida de militancia feminista.

“No era fácil decir que no a la propuesta. Tanto pelear por política pública desde afuera… qué hago… tengo más de 50 años. Se abre una ventana. Pensé en Virginia Franganillo, la primera presidenta pero también la última feminista que había dirigido el Consejo. Y la ministra (de Desarrollo Social) Carolina Stanley me garantizó todo lo que le pedí y coincidió plenamente cuando planteé mis prioridades”, cuenta Tuñez, desde lo que considera su nueva casa, la sede del organismo a una cuadra del Congreso de la Nación.

Al organismo arribó con su propio equipo, todas profesionales de la Casa del Encuentro, que desde la llegada al gobierno de Mauricio Macri, quedó en custodia de su compañera, Ada Rico, también fundadora de la ONG, cuya base ideológica se sustenta en un feminismo popular entre todas las mujeres y con la sociedad. Una impronta que quiere dejar en su paso por el Consejo Nacional de las Mujeres, donde trabajan 250 personas, incluidos los profesionales de la Línea 144, que atienden a mujeres víctimas de violencia en todo el país, las 24 horas, los 365 días del año.

Detalla su prioridad ineludible: “Plan Nacional de Acción, Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres como primer escalón para seguir avanzando. No tener un plan implica no tener un diseño integral, transversal, interdisciplinario y federal de la problemática. Lo presentaremos en marzo o abril, luego discutiremos con las provincias la implementación y el presupuesto necesario. Se habla de ley de emergencia, pero una ley de emergencia tiene que ser en función de algo. Entonces no tiene sentido seguir reclamando eso cuando no sabés para qué lo querés, en qué área, qué presupuesto vas a necesitar para los programas de asistencia, de protección, de prevención, de investigación. Son todos programas que se tienen que desprender del Plan Nacional”, que es la base de la Ley 26.485 (Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres) de 2009, pero que aún no fue implementado.

Por eso el objetivo de Tuñez es cumplir en este primer año de gestión todo lo que marca la Ley. “El Plan es el único artículo que necesita reglamentación y presupuesto. Lo mismo ocurre con la Ley contra la Trata de Personas. Son dos grandes deudas”, reconoce.

Su diagnóstico es que ha habido “un avance importantísimo en materia legislativa pero hemos tenido un déficit enorme en la implementación de las leyes, que es en definitiva lo que llega a las mujeres y a la sociedad”.

Por eso, también va a poner su empeño para concretar la Ley de Patrocinio Jurídico Gratuito para víctimas de violencia machista, una iniciativa aprobada en noviembre último y de autoría del senador Juan Manuel Abal Medina. “Ahora hay que reglamentarla y asignarle un presupuesto”, reclama.

En esta primera etapa, Tuñez se propone “ordenar, conocer cada uno de los dispositivos que tenemos. Ya empecé a viajar a cada uno de los lugares donde están los refugios para las sobrevivientes. Yo quiero ver, tocar, observar”.

Entre sus anuncios, asegura que el programa “Ellas hacen” continúa, pero con un contenido más fuerte porque la meta es el fortalecimiento de las mujeres. “El objetivo es que la mujer no quede atrapada en un subsidio, sino que con ese subsidio, con esos conocimientos que adquiere, con ese trabajo, salga fortalecida para llegar a la autonomía económica. La verdadera salida de la violencia termina en la autonomía económica”.

Si después del “Ni una menos”, el 3 de junio de 2015, algo quedó flotando es el reclamo de una estadística oficial que dé cuenta de un verdadero mapa de la violencia. Tuñez va en esa dirección: “No sólo un registro de femicidios, el caso extremo de la violencia machista, sino un registro único de casos de violencia. Todavía no sabemos cómo lo vamos a implementar. Pero una cosa es clara: los datos del Poder Judicial, de Nación y de los organismos tienen que confluir en un solo lugar, por eso vamos a propiciar que todos se sienten a la misma mesa”.

Entre tanto, está haciendo una modificación del software de la Línea 144 para poder hacer informes no sólo cuantitativos sino cualitativos.

“Cuando podamos tener un registro único, más el informe de femicidios, más el informe de la línea 144 tendremos un mapa de lo que pasa en el país, lo que nos permitirá adaptar el Plan Nacional en función de las necesidades locales”.

Otra cosa que tiene en su carpeta de brevísimo plazo es convocar al Consejo Consultivo, que no se reúne desde 2013, aunque es un mandato de la 26.485.  “Vamos a abrir una nueva convocatoria a las organizaciones sociales, pero queremos hacerlo en forma más amplia que lo que marca la Ley. Por eso además de las ONGs legalmente constituidas, convocaremos a un foro simultáneo a otras que por razones económicas no pueden conformarse. Queremos que todas las voces puedan ser escuchadas”, explica.

La sociedad civil tiene “miles de organizaciones”, dice Tuñez. No exagera, sólo que el número real no existe en los papeles. “El potencial territorial es enorme, pero hay que jeraquizarlo, juntarlo, articularlo y eso implica algo que siempre sostuve: voluntad política. No todo se trata de recursos”.

“Las ONGs no son tirabombas, están pendientes de lo que hay que mejorar. Entonces tenemos que ser nexo. Habilitar la palabra y jerarquizar el trabajo de las organizaciones sociales. Creo que en el tema de mujer hay mucho para hacer. Y en esto se van mi compromiso y mis ganas”, sigue definiéndose.

Por eso en su agenda, compartida en esencia por el movimiento de mujeres, está ocuparse de las realidades de cada provincia. “Teniendo el conocimiento marco de lo que significa la violencia hay realidades locales que hay que atender, como el abuso sexual a mujeres originarias seguido de muerte; las mujeres migrantes; las mujeres trans, que están siendo asesinadas. La ventaja que tenemos es que conocemos de qué hablamos”.

La crisis de la política

“Yo venía de militar en un partido político, pero estaba harta, desilusionada”, cuenta a Haroldo. Prefiere no decir cuál: “No existe más. Está perdido en el mundo de otros mundos”, se ríe.

Así, “muy asqueada”, llegó al Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en San Bernardo, Argentina, a principios de los 90. “Cuando me encontré con el feminismo, me fui alejando de la militancia partidaria. Encontré mi camino. Esas gafas de color violeta no me las saqué más. Durante mucho tiempo fui refractaria a los partidos políticos, a todos”, refuerza. Tuñez los analizaba: el patriarcado y el machismo eran transversales a todos ellos.

La ideología feminista la representaba pero no algunas de sus prácticas. Conceptualizaba un feminismo más popular, construido con las mujeres y no “para”. Entonces, un día salió de su trabajo, toda trajeada, muy formal. Tenía que volantear en una marcha de mujeres piqueteras. Pero su propio estilo no le gustó. Se sacó la chaqueta y se metió entre las compañeras. Hizo “click”. “Definitivamente este es el feminismo que yo quiero”, se dijo.

Así nació “La Casa del Encuentro”, de “un feminismo que sostiene las banderas feministas pero desde otro lugar”, cuenta y se emociona al recordar que con Ada Rico y Marta Montesano hicieron cuentas, pusieron sus ahorros y se lanzaron a armar lo que hoy es un símbolo de la lucha por los derechos de las mujeres.

“Yo ya no estoy, me tuve que ir”, dice lamentándose, tras su decisión de cambiar de vereda: de la sociedad civil al Estado.

Siguen los recuerdos: Teresa Parodi cantó a beneficio y se llenó tanto la casita de la avenida Honorio Pueyrredón, que la gente escuchaba desde la calle. “Fue magia. Fue solidaridad. Fue sororidad entre decenas de compañeras”, dice sobre la subsistencia de la ONG en la que trabajan psicólogas, abogadas, trabajadoras sociales, voluntarias, todas a ad-honorem para ayudar a mujeres víctimas de violencia.

Cree que la cosa por las mujeres le viene de niña, cuando por su cicatriz sufrió discriminación. “No tenía el estándar que se espera de una mujer. Fue mi primer contacto con la violencia de género. Y también saber que una abuela padecía violencia, aunque era ocultada”.

Siguieron las lecturas y el aprendizaje: la chilena Margarita Pisano, Simone de Beauvoir, las españolas; los trabajos de la Asociación de Trabajo y Estudio de la Mujer; Diana Maffia y Dora Barrancos, entre otras muchas.

foto roxana 2Agenda de trabajo

El 22 de diciembre, Tuñez recibió a unas 60 representantes de organizaciones de la sociedad civil y militantes feministas. Le entregaron el documento Hacia la construcción de una agenda de trabajo para un Plan Nacional Integral contra la violencia hacia las mujeres(1) que cuenta con 84 adhesiones institucionales y personales. Incluso la de “La Casa del Encuentro”.

Sus puntos básicos son:

  • Es imperioso contar con mejores herramientas para un diagnóstico de la situación.
  • Es necesario impulsar un proceso participativo para elaborar un Plan Integral
  • Un Plan Nacional debe seguir ciertos lineamientos para un abordaje integral
  • Diseño de políticas dirigidas a abordar las distintas manifestaciones de la violencias y su impacto en relación con discriminaciones multiples
  • Garantizar la asignación y ejecución de presupuesto, así como el monitoreo y evaluación de las diversas políticas implementadas:

“El 25 de noviembre (Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres), firmamos ese documento y yo dije esto vamos a tener que dárselo a la presidenta del Consejo. Lejos estaba de pensar que era yo. Eso significa que apruebo ese documento cien por ciento”, afirma.

Tuñez recibió en su nueva casa al movimiento de mujeres porque las quiere adentro. “Por obligación y por necesidad. Todas nos conocemos, sabemos de dónde venimos y a dónde vamos. Podemos pensar diferente pero el tema de la violencia nos atraviesa porque tenemos víctimas del Pro, peronistas, radicales, del sindicato tal o cuál, de las universidades, de la Iglesia. La violencia nos trasciende”, dice.

Los números hablan de la gravedad de la situación: La Corte Suprema dio a conocer esa misma jornada el primer Registro Nacional de Femicidios, que dio cuenta que en 2014 fueron asesinadas 225 mujeres en el contexto de violencia de género. Los datos coinciden con los de “La Casa del Encuentro“, que elabora un informe sobre la base de datos publicados en medios de comunicación de todo el país: en los primeros 10 meses de 2015 hubo 233 femicidios en Argentina y 163 niños y niñas se quedaron sin su mamá.

“Me gustaría que el Consejo pudiera generar ese punto de encuentro para trabajar los puntos en que hay coincidencias, para que después eso se transforme en una política pública y dejar para el debate aquellos otros en los que no hay acuerdo o hay acuerdos sectoriales pero no globales… Ese es el camino que el movimiento de mujeres tiene que transitar”, se entusiasma.

Y en este sentido no le esquiva al tema de la despenalización del aborto, un reclamo generalizado de las organizaciones. “Primero hay que cumplir las leyes de Educación Sexual y Procreación Responsable y segundo, creo, el debate tantas veces postergado sobre la interrupción voluntaria del embarazo debe darse en el marco del Congreso de la Nación”.

También se impone como desafío el diálogo con las autodenominadas “trabajadoras sexuales”. “Desde el Consejo Nacional de las Mujeres vamos a dar cabida a quienes consideran que se trata de trabajo y a quienes no. Mi compromiso como funcionaria es trabajar para que la prostitución no sea un destino para ninguna persona. Para mí no es un trabajo, es esclavitud, es violencia, y en ese sentido no me puedo separar de mi convicción”.

Sin embargo, considera que es necesaria una instancia de diálogo con ambos sectores. “Yo pienso continuar con la línea de pensamiento que se viene sosteniendo desde hace algunos años de que la prostitución no es trabajo. Pero hay que atender los reclamos de quienes se definen como trabajadoras sexuales y fundamentalmente trabajar sobre los problemas psíquicos y físicos que acarrea la prostitución, como la atención en los hospitales, donde muchas veces son maltratadas. Hay una cantidad de mujeres que siguen estando en las calles y a las que hay que atender”.

Tajante en su postura, recuerda que hay un gran lobby internacional para hablar de trabajo sexual, “para seguir garantizando la apropiación de los cuerpos y las vidas de las mujeres. Seguramente no estaríamos discutiendo si la prostitución es trabajo o no si los que tuvieran como destino la prostitución fueran los varones”.

“No estamos en contra de ninguna mujer, estamos para generar todas las instancias posibles para mejorar, fortalecer. Porque la realidad es que el 80 por ciento de las mujeres en situación de prostitución llegan por inequidades estructurales”, afirma.

Y en ese diagnóstico grafica la vida de una joven de 18 años que está en situación de prostitución desde su preadolescencia. “Cuando viene alguien con el discurso de vos tenés que tener esta libreta porque si la tenés vas a poder facturar, y si facturás vas a tener una jubilación, estamos condenando a esta niña o mujer a que sea eternamente, como dice mi amiga Sonia Sánchez, una puta. Y ninguna mujer nació para puta. Las mujeres nacimos para ser sujetas plenas de derechos”, reinvidica.

“Yo voy a luchar para no seguir sosteniendo las desigualdades estructurales entre varones y mujeres. No voy a luchar contra las trabajadoras sexuales porque son victimas. Pero el Estado no puede estar ausente. Tenemos que trabajar fuertemente con esas mujeres en capacitación para igualar. Yo pude elegir, muchas pudieron elegir, pero cuando no tenés para comer, cuando vivís en el medio del monte, no pudiste elegir. Y yo quiero que cada mujer, cada compañera trans no tenga como destino el de la prostitución”.

 

*La nota fue publicada en http://revistaharoldo.com.ar/nota.php?id=99

*Fotos: Julián Athos

Roxana Barone

Roxana Barone

Me recibí de profesora de Literatura, pero enseguida dejé la docencia para dedicarme al periodismo. Trabajé en varios medios gráficos, siempre abordando temas sociales. En 2015 me incorporé al Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti para lanzar la Revista Haroldo, una publicación con la mirada puesta en los Derechos Humanos, de ahora, del pasado, de siempre.

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