Foto: Leticia Pogoriles
Foto: Leticia Pogoriles
Opinión

Violencia legitimada

En la Argentina muere una mujer cada 30 horas víctima de violencia de género, según la ONG La Casa del Encuentro.
¿Y qué significa que es víctima de violencia de género? Significa ser víctima de un varón que mató a esa persona por ser mujer. Un hombre que pensó a esa mujer como un objeto que quería dominar.
Esa violencia compuesta de aberrantes femicidios nos indigna. Es fácil indignarse, nos diferenciamos y nos sentimos buenas personas. Pero si sólo nos indignamos pocas cosas cambian.
Porque esa violencia no está aislada, se da en el marco de una sociedad machista e inequitativa, que relega a las mujeres, las inferioriza, las cosifica. Sin esas características sociales, la violencia hacia las mujeres no encontraría esa legitimación invisible.
Si queremos una sociedad menos violenta, deberíamos indagar en las formas en que se sustenta: el machismo tiene una cara de violencia naturalizada en la cual la violencia extrema hacia las mujeres se encuentra legitimada.
La violencia requiere que la persona que la recibe ocupe un lugar de inferioridad. Para ilustrarlo, cuando en los noticieros la mujer no tiene voz o se la relega a la sección de espectáculos, se la inferioriza. Según la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual predominan los columnistas varones en un 84,9 por ciento en política, 79,2 por ciento en policiales y un 81,2 en información general. Únicamente en espectáculos predominan las mujeres.
Asimismo, si pienso a esa persona como una cosa o un objeto, se puede disponer de él (en este caso de ella). Porque el mensaje implícito es que a un objeto se lo puede manipular, romper y poseer. En las publicidades, cuando se las asocia a los objetos de consumo, cuando en los programas de mayor audiencia se las muestra sólo como un cuerpo expuesto, se las cosifica. Lo cual también es una forma violencia. Recordemos que según la Ley de Protección Integral de las Mujeres la violencia mediática contra las mujeres es “aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipadas a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres”.
La violencia necesita desigualdad en las relaciones de poder: a modo de ejemplo, en el Poder Ejecutivo Nacional las mujeres ocupan sólo el 22 por ciento de los cargos políticos. En el Poder Judicial las mujeres representan el 54 por ciento del personal del sistema judicial argentino, pero sólo un 15 por ciento ocupa los puestos de máxima responsabilidad. En el Congreso Nacional el porcentaje de mujeres al frente de un bloque legislativo es sólo del 33 por ciento.
Deslegitimar la violencia necesita más que varones indignados. Necesita varones que cuestionen los mandatos culturales que asocian la masculinidad a la violencia. Requiere de personas que cuestionen las imágenes cosificadas de las mujeres, que modifiquen las prácticas acosadoras de la masculinidad hegemónica y que promueva la equidad en las relaciones de poder.
 La nota fue publicada en: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-312375-2016-10-22.html
Roberto Samar

Roberto Samar

Licenciado en Comunicación Social. Docente de Comunicación Social y Seguridad Ciudadana.

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