Derechos

Violencia en tránsito

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Cuando mis hijas preguntaban porque no podían volver solas a la madrugada como su hermano la respuesta era que él no tenía el culo que ellas lucían.  La realidad es que la “portación de culo” y de otras partes que nos encolumnan detrás del género femenino se nos ha vuelto en contra especialmente cuando estamos en tránsito. La violencia hacia las mujeres es estructural y no conoce de geografías ni fronteras. Ninguna novedad.  Antes se circunscribía al ámbito “privado” ahí donde transcurrían nuestras vidas dedicadas a la familia como un destino obligado. De a poco fuimos saliendo y así nos encontramos con esas violencias a campo abierto que de a poco y por la fuerza de los movimientos feministas se fueron tipificando con la necesidad de ponerle un nombre que las identificara. Sin embargo, la ofensiva patriarcal que busco siempre disciplinar a las rebeldes pareciera perfeccionar su accionar actuando impunemente. De esta forma el género femenino transita su vida exponiéndose a diferentes peligros en forma cotidiana y naturalizada.

Peligro de casa al trabajo, de casa al colegio,  de casa a la universidad, de casa al boliche, al club… a la playa…a la plaza… al super… al shopping… al bosque…en las paradas, en el colectivo, taxi, tren, remise, uber y así indefinidamente.

Esta semana se presentó en Buenos Aires una investigación sobre la violencia en el espacio público realizado por el Observatorio de la Violencia contra las Mujeres Ni una menos de la organización MuMaLa (Mujeres de la Matria latinoamericana). Un trabajo basado en una encuesta realizada a 1.300 mujeres de 11 provincias de la Argentina en un rango etario de 13 a 80 años. La idea del estudio fue analizar la percepción de seguridad de las mujeres al momento de transitar y gozar del espacio público. El resultado estadístico es espeluznante: el 80% de las mujeres manifestaron inseguridad al transitar el espacio público y dentro de ese porcentaje la noche fue el momento en que más temor reconocen. El 93% dijo haber sufrido alguna forma de acoso sexual callejero y el 100% refirió haber llevado adelante diferentes estrategias para sentirse más seguras en la vía publica. Sería interesante comprender que cuando las mujeres hablamos de percepción de inseguridad nos referimos fundamentalmente a un doble riesgo: nuestra integridad física y nuestra integridad sexual.

Para Raquel Vivanco, Coordinadora Nacional de MuMaLa, “jamás cuando los gobiernos hablan de seguridad incorporan la perspectiva de los derechos de las mujeres en la problemática. Las mujeres somos las grandes ausentes al hablar de inseguridad y somos también quienes sufrimos las principales consecuencias de la desigualdad, no solo dentro de nuestras casas, sino también a la hora de transitar el espacio público”.

El diseño de las ciudades y el transporte público no tiene incluida en ninguno de sus diseños urbanísticos, una perspectiva de género a través de las cual se investigue como hacer más seguros los espacios compartidos para que las mujeres puedan transitarlos y disfrutarlos en paz y sin distinción horaria. Estas planificaciones siguen naturalizando los lugares pensando en los hombres y desconociendo la masiva irrupción de las mujeres al mercado laboral desde hace ya varias décadas. Repensar estos espacios para un uso equitativo es hacerlo desde las diferencias pero sin reproducir las desigualdades, pensar las ciudades desde una mirada que incluya la diversidad evitando así perpetuar las desigualdades de género.

Sin embargo, es importante conocer que una de las modalidades de la violencia en tránsito, el acoso sexual en el espacio público, se encuentra tipificado en la ley 5.742 de CABA como una contravención y que ante casos de acoso callejero en esta ciudad las mujeres pueden denunciar en las comisarías o fiscalías al agresor y que dichas instituciones tienen obligación de tomar la denuncia y darle el curso legal correspondiente. Por definición la ley expresa que acoso sexual es  “masturbación o exhibicionismo, gestos obscenos u otras expresiones” y puede manifestarse a través de comentarios sexuales directos o indirectos al cuerpo, fotografías y grabaciones no consentidas, contacto físico indebido o no consentido, persecución o arrinconamiento.

Encuestas, investigaciones, trabajos de la sociedad civil que deberían ser tomados en cuenta por el Estado a la hora de elaborar estrategias que apunten a mejorar la calidad de vida de las mujeres. Políticas Públicas que – finaliza Vivanco-incorporen perspectiva de género y derechos humanos de las mujeres para diseñar los espacios teniendo en cuenta esas estrategias individuales que diseñamos para cuidarnos y que deberían ser escuchadas porque somos las que sabemos lo que necesitamos. No queremos sentirnos valientes, queremos sentirnos seguras”.

El informe completo puede leerse en el siguiente documento:

OBSERVATORIO-07

Alejandra Benaglia

Alejandra Benaglia

Periodista y productora de radio y televisión. Especializada en música y genero. Delegada gremial del SATTSAID desde el 2008, participando activamente en las áreas de Prensa, Mujer y Cultura y co-conductora del programa de radio de este sindicato. Integrante de la Asociación Civil La Casa del Encuentro y miembro del equipo de investigación del libro "Por ellas" cinco años de femicidios.

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