Femicidios

Obsesión

Foto: Paula Lobariñas
Foto: Paula Lobariñas

“Obsesión”, dicen desde la justicia.
Fotos y fotos y fotos, que avalan esa obsesión.
Anahí estaba obsesionada con el profesor de matemática Leonardo Agostino.
Escribía en un diario íntimo sobre el docente, tenía muchas fotos de él, claramente estaba obsesionada.
“Tenía una obsesión”, repitieron todo el día.
Y a los medios les seduce mucho el concepto de la adolescente obsesionada.
“La piba estaba obsesionada”, ya se escucha en colectivos, en bares, en hogares, en espacios laborales.
Se replicará eso de la obsesión, será motivo de fundamento para el horror.
Diremos obsesión, con certeza, con naturalidad.
Señalaremos la obsesión de Anahí hacia el profesor Agostino.
¿Y si tratamos de hacer el ejercicio contrario, el inverso, con perspectiva de género?
¿Y si pensamos en un adulto que, tal vez, manipuló psicológicamente a una chica de 16 años?
¿Y si pensamos en una chica en estado de vulnerabilidad que pudo ser víctima de femicidio por parte de un psicópata?
Salir de la obsesión de una adolescente, concepto que implica que se metió donde no debía, que hizo lo que se supone no estaba bien, que hizo las cosas mal.
Salir del esquema repetido con víctimas que tienen la responsabilidad de ser asesinadas, metidas en bolsas, tiradas en ríos o enterradas en descampados.
Salir del mandato que invisibiliza a los femicidas.
Salir del machismo (en todas sus formas) que mata.

Maximiliano F. Montenegro

Maximiliano F. Montenegro

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