Femicidios

Más muertas, menos derechos

Foto: Leticia Pogoriles
Foto: Leticia Pogoriles

 

En los últimos días de mayo, se registraron tres femicidios de niñas de 12 años. El 25 de mayo Guadalupe Medina, que vivía en Villa Banana, una villa miseria del Gran Rosario, fue violada y estrangulada por integrantes de un grupo mafioso vinculado con el narcotráfico, protegido por la policía, que aterroriza a la villa. El 29 de mayo Milagro Torres, que vivía en una casa precaria en el sur de la provincia de Tucumán, fue violada y estrangulada por el ex compañero de su madre; el hombre se vengó en la niña de la negativa de su ex mujer a reanudar la relación. El 28 de mayo se halló el cadáver de Micaela Ortega, que había desaparecido de su casa el pasado 23 de abril, en Bahía Blanca: la asesinó Jonatan Luna, de 26 años, quien aprovechó su salida transitoria de la cárcel para fugarse, y la había conectado por Facebook haciéndose pasar por una niña de la edad de Micaela. “La maté porque no quiso tener sexo conmigo”, le dijo el prófugo a la policía.

Se habló muy poco de Guadalupe, los habitantes de las villas miseria suelen recibir atención como agentes reales o supuestos de violencias, rara vez por las violencias que padecen. Se sabe que su madre había pedido ayuda tiempo antes a la Dirección provincial de la Niñez, entidad que consideró que Guadalupe no estaba en peligro. En cuanto a Milagro, parte de la opinión señaló a su madre, amenazada de muerte por su ex compañero desde que se separó de él hace tres meses, porque había salido a bailar, dejando a sus hijos solos dormidos en una casa con paredes de plástico. En el caso de Micaela, las culpas se repartieron entre la libertad condicional del asesino, la de los padres que no vigilan, el peligro de las redes sociales, y la niña misma que se había peleado con su madre antes de desaparecer, como lo muestra el excelente articulo de Sonia Budassi, “Culpa de Facebook, de la madre y de la nena”, en la revista Anfibia.

Estas tres niñas que querían vivir, y encontraron la muerte desamparadas ante la abyección, no están incluidas en los 66 femicidios registrados en los primeros cien días de 2016 por la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (Mumalá), que incluyen un travesticidio. Se produjeron después. El registro oficial de femicidios, compromiso que surgió con la marcha del 3 de junio del año pasado, sigue sin existir. El registro de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación se limitó al año 2014, y el registro elaborado por la Secretaría de Derechos Humanos, coordinado por Ana Oberlin, quedó congelado con el cambio de gobierno. La ley de patrocinio gratuito para casos de violencia de género aprobada el año pasado no ha sido reglamentada.

Llamada originalmente por un grupo de periodistas y escritoras, la marcha del 3 de junio de 2016, que al “Ni una menos” añade la consigna “Vivas nos queremos”, se convirtió ya en una convocatoria amplia y heterogénea, que incluye a familiares de víctimas de violencia de género y a una cantidad de organizaciones de mujeres, sociales, sindicales, políticas, de las que quedó excluido el PRO. Es que el documento esforzadamente consensuado para la fecha hace hincapié en cómo el rumbo del actual gobierno agrava las condiciones para el despliegue impune de la violencia machista: “…el ajuste, el tarifazo, los despidos masivos, el fin de la moratoria previsional para las amas de casa que dedican su vida al cuidado de los otros, el escandaloso achique del Estado, golpean sobre todo a las mujeres, recortan nuestra autonomía, nos dejan más inermes frente a la violencia (…) El ajuste y la inflación golpean directamente sobre nuestra capacidad de decir Basta…” En Diario Contexto del 30 de mayo pasado, Ana Victoria Carbonetti enumera las acciones de Mauricio Macri desde el gobierno de la ciudad de Buenos Aires primero y desde la presidencia a partir del 10 de diciembre, que afectan directamente las políticas públicas garantes de los derechos de las mujeres. ¿Cómo se garantizan esos derechos si los programas sociales se consideran un despilfarro?

El documento da relevancia a la lucha por la legalización del aborto; en el mes de junio se va a presentar, con modificaciones que la actualizan, el proyecto de ley de la Campaña Nacional por el aborto legal, seguro y gratuito, una de las organizaciones que ocupa un lugar prioritario en la marcha. Dio fuerza a la reivindicación el caso de Belén, la joven de 27 años que se había internado en el Hospital de Clínicas Avellaneda en la ciudad de Tucumán debido a un aborto espontáneo, cuando no sabía que estaba embarazada; dentro del hospital se le atribuyó la muerte de un feto hallado en el baño del hospital antes de que ella ingresara; en prisión preventiva, se le ha negado la excarcelación, y la espera un juicio donde la fiscalía la condena a 8 años de cárcel.

“El disciplinamiento de la protesta social y el encarcelamiento de dirigentes sociales y políticos hablan claramente de una revancha misógina y racista que nos golpea a todas. A todxs…” dice el documento. Pero no alcanzó el acuerdo para nombrar a la dirigente de la Tupac Amaru Milagro Sala, cuya libertad es una de las banderas que estarán presentes en la marcha, ni para oponerse a la persecución judicial de la ex presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner ni a la de la presidenta brasileña Dilma Rousseff, suspendida en sus funciones por seis meses, reivindicación que levantan algunos sectores políticos.

Quienes tenemos una trayectoria en la lucha contra las violencias patriarcales, sabemos que un fenómeno como los femicidios no se aborda meramente con medidas punitivas, que tampoco bastaría con la indispensable modificación y perfeccionamiento de los procedimientos con que el sistema judicial responde a las denuncias, todavía pendiente. Se precisa una tarea descomunal de formación masiva, que atañe tanto a la educación formal (el documento alude a la actual reversión retrógrada de la Ley de Educación sexual integral, que encontró desde su aprobación en 2006 graves obstáculos a su implementación) como a la educación informal, librada hoy en buena parte a medios de comunicación dominados por una visión ofensiva hacia las mujeres, y a una amplia producción pornográfica a la que se accede desde edades cada vez más tempranas. Ya el año pasado, después del Ni una menos, se escucharon en la tv llamados a no exagerar: una cosa es asesinar, otra hacer chistes o pelearse, lo que hace cualquiera, lo que hacemos todos (y vamos a seguir haciendo, se sobreentiende). La banalización de la violencia de género en los medios, ilustrada recientemente por el tratamiento de los conflictos entre figuras de la farándula como Bárbara Vélez y Federico Bal, en nada contribuye a abordarla con la gravedad y profundidad que necesita.

Mientras nos decidimos a emprender esa tarea, nos mirarán los ojos de Guadalupe, Milagros, Micaela, las niñas que querían vivir, y a quienes la canallería y la desidia, que a todos nos involucran, condenaron a muerte cuando apenas estaban saliendo de la infancia.

Marta Vasallo

Marta Vasallo

Licenciada en Letras en la UBA. Docente, traductora y periodista. Autora de Eclipse parcial, Buenos Aires, Simurg, 1999; En nombre de la vida, Católicas por el derecho a decidir, Córdoba 2005; La terrible esperanza, Buenos Aires, Colisión libros, 2014.

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