Derechos Opinión

Los cuerpos en acto

Foto: Leticia Pogoriles
Foto: Leticia Pogoriles

Habitualmente vemos cuerpos de mujeres semidesnudos en los medios de comunicación. Este domingo en Rosario unas mujeres muestran su cuerpo a modo de protesta en contra del patriarcado. Para la lectura de algunos y algunas esas tetas están prohibidas.

Los cuerpos femeninos heteronormados están al servicio del placer masculino. Esa desnudez no molesta. Es una desnudez que no cuestiona. Que avala la desigualdad, la cosificación y la indignidad. Están ahí para ser juzgados y aprobados con un buen puntaje, o para ser humillados en función de lo que al que juez de turno le genere más placer. Calificarlo positivamente o denostarlo por estar en bolas, por putas, por mujeres. Los cuerpos cosificados están para ser vistos y utilizados siempre con connotaciones sexuales. Al igual que en una violación, la voluntad de esas mujeres es suplantada por las opiniones y decisiones masculinas acerca de su valor: si estas buena, si tenes celulitis, si tu culo es demasiado grande, o demasiado chico, si tus tetas están bien o si sos un amigo en caso de violación este lado va al frente, si estas dable o si estas para el tacho de basura. La indignidad radica en la falta de soberanía y autodeterminación personal de quienes los poseen.

También están ahí para disciplinar. Performatear a todas las mujeres es la misión. Establecer parámetros, modelos y estereotipos a seguir. Modelos imposibles en los que la mayoría de las mujeres no encuadran. Que generan culpa. Que condicionan  las prácticas cotidianas, como la alimentación. Comprar tal yogurt que te hace adelgazar, o ir al baño de manera regular. Todo lo que sea para no engordar. No vaya a ser cosa que ningún varón te elija por exceso de peso. Estar linda y disponible para ellos es la cuestión. Todo lo que no se acerque al estereotipo de lo femenino no lo será y quedara socialmente excluido por la mirada masculina.

“Cualquier mujer que no se limite a asumir convencionalmente su papel de madre correrá el riesgo de ser percibida como bruja” dice Carla Amorós en su libro “La gran diferencia y sus pequeñas consecuencias para las luchas de las mujeres”. En este sentido los cuerpos subversivos. Los cuerpos disidentes de la performatividad heteropatriarcal rompen con el esquema de lo establecido. Quiebran el estereotipo femenino de los mass media. Muestran distintas realidades, distintas identidades de género diferentes a la hegemónica.

El primer código penal de la historia se desarrollo de la mano de la iglesia católica durante la inquisición. ElMalleus Maleficarum (martillo para las brujas) se implemento para demonizar, perseguir y ejecutar a las brujas. No casualmente se consideraban brujas a las que no hacían otra cosa que conquistar poder en distintos ámbitos públicos. Así se produjo el primer genocidio de mujeres durante 200 años entre el siglo XV y el XVII. En el siglo XXI en la puerta de una catedral de Rosario las intenciones represivas no han cambiado demasiado para un sector conservador del catolicismo.

El patriarcado tiene distintos pilares de funcionamiento: el pilar económico que radica en la división sexual del trabajo y la explotación física e intelectual de las mujeres a título gratuito. Y aun teniendo soberanía económica, el varón con el que salga debe percibir mayores ingresos que ella y su trabajo debe valer mas que el que ella realiza; el pilar subjetivo de la performatividad. Cómo se educa para la heteronormatividad, estar al servicio de los varones sin revelarse y como se educa a los varones para la opresión; y el pilar de la expropiación de la sexualidad de las mujeres. Una mujer  “de bien” no decide sobre su cuerpo, si quiere ser gorda o flaca, si quiere andar “en cuero” porque hace calor o porque quiere protestar, si quiere vestirse bien o mal, y que es vestirse bien o mal no lo determinan ellas. A mayor adaptabilidad al estereotipo femenino, mayor precio económico deberá pagar el varón para acceder al uso y goce de la cosa.

En este marco los cuerpos disidentes no deben ser mostrados. Deben permanecer ocultos. La cultura patriarcal no los aprueba. Los reprime. Los caga a tiros. Bajo estos preceptos Tu cuerpo no es tuyo. Tu cuerpo pertenece a todos los varones que tengan ganas de decidir sobre él.

Las mujeres transitamos un genocidio silencioso y por goteo. Según la estadística de la ONG Casa del Encuentro cada 36 horas muere una mujer víctima de violencia de género. El concepto de genocidio implica una aniquilación sistemática y deliberada por motivos políticos, raciales o de cualquier índole de discriminación. El exterminio no es solo físico sino también cultural.

Hace 200 años, en plena revolución francesa, Olympe De Gouges fue ejecutada en la guillotina por redactar y difundir la Declaración Universal de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Se la acusó de pretender dividir a la sociedad. La imputación radicó en querer hacer “cosas de hombres” refiriéndose con ello a su  militancia política. Hoy se mantiene la misma matriz ideológica para el ejercicio de los derechos civiles y políticos de las mujeres, en un contexto social de retroceso sobre todos los Derechos Humanos. Todavía se cuestiona la capacidad de las mujeres para el ejercicio de la política en paridad con los varones.

El cuerpo normal es el masculino. Que puede tirar piedras. Que puede agarrarse a trompadas. Que puede marchar en cuero y ponerse la remera de vincha, así aparenta ser más combativo. Lo normal no se cuestiona, no se califica, no se critica. Se justifica por el simple hecho de ser lo normal.

Siempre sonrientes, bellas y complacientes, las chicas bien no reclaman. No insultan. No se enojan. No tiran piedras. Si pintan una pared debe ser estilo Bricolageutilísima para el hogar y la familia. Si les cortan la finalización de su marcha en el Monumento Histórico Nacional a la Bandera deben conformarse y retirarse como señoritas. Cumplir las órdenes policiales y no ejercer su derecho legitimo a la protesta social. Las mujeres tenemos una ciudadanía restringida respecto a los varones. O por lo menos así lo considera un sector de la sociedad.

Mientras tanto nosotras seguimos transformando la historia. Apaleamos el hambre en los barrios con comedores y merenderos. Organizamos el territorio para dar batalla al ajuste brutal. No es casual. El 70% de los pobres son mujeres. Sabemos de que se trata. Nuestras intervenciones sociales son inclusivas. No excluyentes. No nos conformamos. No nos callamos. No nos importa si nos tratan de incapaces, locas o feas. Entendemos que ningún sector social está dispuesto a perder privilegios. Por eso debemos empujar por la representatividad que nos corresponde. No nos estan regalando nada. Nos están devolviendo la cuota de poder expropiada históricamente. Nos deben mucho. Igual salario por igual tarea, responsabilidades familiares igualitarias, miles de horas de trabajo gratuito en el hogar, miles de vidas robadas por los femicidios la explotación sexual, trata de personas y por abortos clandestinos.

Nuestros derechos civiles se escribieron a la distancia de la universalidad masculina. Conseguiremos la ley de paridad electoral. Sabemos que nos ponen palos en la rueda y en nuestras cabezas. Vamos a seguir conquistando espacios de poder con viento en contra. Como siempre. El 19 de octubre todas al Congreso. Por lo que nos falta. Por la equidad y la justicia social. La construcción de una nueva mayoría debe incluir a la mitad más uno de la sociedad.

La nota fue publicada en http://www.independenciaideas.com.ar/los-cuerpos-en-acto/

 

 

Tags

Sabrina Varela

Periodista de Investigación y Diplomada en Género y Derechos de las Mujeres

Comentar

Click aqui para dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *