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Lenguaje inclusivo: un cambio real

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Frente al debate por el “lenguaje inclusivo”, Santiago Kalinowski, director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras, explica la situación desde una perspectiva académica con anclaje en su relevancia social.

¿Qué es el lenguaje inclusivo, es solo hablar con la letra e, el uso de la duplicación, como en todos y todas, la búsqueda de palabras para generalizar sin marcar el género, tal el caso de ciudadanía, o la utilización de la arroba y la “x” que precedieron a la “e” y que presentaban la imposibilidad de la pronunciación?

-Es una intervención del discurso público que busca crear un efecto en el auditorio de toma de conciencia de una situación de injusticia que persiste en la sociedad, básicamente primero entre el hombre y la mujer, pero también respecto de minorías sexuales a quienes incluye. Cuando se establece que existe sexismo codificado en la gramática -y ese es un proceso que llevó su tiempo y fue un esfuerzo de reflexión y de análisis que tuvo lugar en la academia, en las universidades y demás-, se inicia un camino de intervenciones, primero apareció el desdoblamiento porque era una forma más inmediata, ya incluida en la lengua, nada impide que se usen las dos terminaciones, como ya se usaba desde siempre damas y caballeros, o lo que sea, no era algo que requiriera una innovación, después eso tuvo problemas estilísticos sobre todo, era muy largo de leer y los párrafos se volvían ilegibles. Adicionalmente era una solución binaria y reforzaba esa especie de bipolaridad propia de las generalizaciones que vemos en la sociedad. Eso hizo que se buscaran otras soluciones, apareció la arroba como un carácter que podía cumplir esa función, entonces recibió la crítica de ser una “o” que estaba dentro de una “a”, eso motivó la aparición de la “x” que no tenía ese problema pero que era impronunciable, por lo que, sobre la base de que la vocal “e”, que cumple tradicionalmente el lugar de vocal desinencial -la “i” y la “u” no lo hacen-, se optó por la “e” para poder usar una forma de inclusión oralmente, pero yo veo que son etapas, variantes del mismo fenómeno, el hecho de que la última solución se haya ubicado por fuera de las reglas que están incluidas en el sistema lingüístico amplificó su efecto en el debate público, su potencia se ubica fuera de la gramática para criticar sexismo en la gramática.

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El rechazo de algunas personas al “todos y todas” que se popularizó en la presidencia anterior, ¿te parece que fue partidario?

-El rechazo siempre es político, en ese momento habrá sido partidario, pero era sobre todo el rechazo de tipo político del que ve amenazado su privilegio, porque ese desdoblamiento fue la primera intervención que se introdujo y que tenía el objetivo denunciar el privilegio del hombre, cada una de las nuevas variantes acarreaba ese mismo reclamo, entonces cuando existe una reacción violenta en contra de cualquiera de esas fórmulas, eso en realidad lo que está escondiendo es una reacción ante al reclamo político que esa fórmula trae aparejado. La acusación de que eso es algo partidario quedó obsoleta, desactualizada, que un gobierno lo hubiera convertido como estandarte discursivo lo asoció a la cosa partidaria por un tiempo, pero la demanda transciende cualquier límite nacional, es un debate que vemos en todo el ámbito hispánico, en inglés, en francés, en las lenguas nórdicas, en alemán, en italiano, en todas está este mismo debate con la diferencia que imponen las diferentes gramáticas, el masculino genérico es casi un universal lingüístico porque es un universal humano la desigualdad entre el hombre y la mujer, la que tiene un patriarcado ancestral es la especie humana, eso hizo que se formaran estructuras sociales a lo largo de toda su historia en miles de años, donde el hombre tenía absoluta preponderancia y monopolio de los lugares de poder y de los espacios, eso tuvo un correlato que fue gramatical, en el sentido de que los hablantes empezaron a asumir que ante la duda tenía que ser masculino y así fue como se creó el masculino genérico que hunde sus raíces en la especie humana y en el patriarcado ancestral de la especie humana.

¿Existen o existieron pueblos que usaban pronombres no marcados para referirse al género indeterminado?

-No sé los casos específicos, sé por ejemplo que hay algunas lenguas que hacen el genérico en femenino y otras que hacen un genérico que no es ni masculino ni femenino. Cuando en el debate se invierte mucho en argumentar que la lengua construye lo real, que determina drásticamente lo real solo por el hecho de ser lengua, normalmente del otro lado viene un argumento muy potente, que son esas excepciones, sin embargo, socialmente, las dinámicas de poder son las mismas, la mujer sigue sometida y oprimida, entonces no hay que invertir demasiada energía en sostener la idea que la lengua crea lo real, lo que crea lo real es lo real, la lengua se hace eco de eso, y lo real es la dinámica de poder humana a lo largo de su historia.

¿El dicho “lo que no se nombra no existe” no aplica para estos casos?

-La lengua es un correlato de la realidad humana, si algo no está dentro de nuestras categorías mentales la lengua no va a asignarle una palabra; si bien cada vez que se usa el masculino genérico se está haciendo una validación tácita de esa estructura patriarcal ancestral de la especie; entonces, si uno se quiere plantar ante esta situación de injusticia, lo que hace es intervenir ese refuerzo y eso crea en el auditorio una conciencia y puede empezar a cambiar la cultura alrededor, tener un impacto en cómo la gente elige a sus representantes, en ciertos hitos del armado legislativo que todavía privilegian al hombre, a lo largo de un proceso que va a ser siempre tenso y va a tener idas y vueltas y va a ser complicado y sinuoso, como son los mecanismos democráticos. Este es un fenómeno retórico-discursivo, no lingüístico, porque no se adapta a ninguna de las condiciones que tuvieron históricamente los cambios lingüísticos en ninguna lengua humana, que se producen de manera inconsciente, no los define nadie, se van dando, no se sabe cuándo empiezan y cómo se imponen, esto en cambio es una intervención diseñada, pensada, es el uso argumentativo de la morfología de la lengua, el hecho de que esto no se convierta en gramática no le quita relevancia ni potencia, es el poder que tiene al interpelar a un auditorio para empezar a crear un consenso diferente que pueda llegar a tener, con el paso del tiempo y de las luchas, un impacto en la realidad, el inclusivo lo que busca es un cambio real, es que se caiga el patriarcado, que dejen de matar mujeres, no busca convertirse en gramática, es necesario marcar esa diferencia.

Algunas personas contra argumentan que el verdadero lenguaje inclusivo es la lengua de señas, por ejemplo.

-Ese es un problema del nombre, por supuesto que la “e” no es un lenguaje, tampoco es una lengua, debería llevar un nombre en la tradición de recursos retóricos que conocemos: como hipérbole, sinécdoque, esto es una enálage. Ese argumento de la lengua de señas es un elemento descalificador de una lucha política que es muy potente. Se despliegan diferentes estrategias para descalificarlo, uno es el chiste, del tipo “le mer estebe serene”, la realidad es que esto es crucial, es una intervención retórica que va a ser un hito discursivo en la luchas políticas humanas.

¿Por qué no se usó otra letra, por ejemplo la “i”, ya que la “e” es indicativa del masculino en algunas ocasiones?

-Hay palabras que en plural son con “e” y son masculinas salvo que le pongas el artículo “les”, que actualiza el recurso retórico e interpela al auditorio, la persona que lo escucha tiene que lidiar con el hecho de que hubo un pronunciamiento político ahí, porque cada vez que aparezca una fórmula de inclusión, aparece un posicionamiento; hubiera resultado muchísimo más extraño poner en ese lugar a la “i” y la “u”; lo que hay que saber es que esto es un recurso de intervención del discurso público que se activa cuando la lengua es pública porque lo que está buscando es un efecto en el auditorio que termine redundando luego en un efecto real, no es una cosa necesariamente sistemática, muchas veces las oraciones que construimos son redundantes porque es la manera que tiene el hablante de asegurarse que el contenido que está queriendo comunicar realmente llegue, y como lo que busca el inclusivo es ese efecto, no importa si uno lo usa bien, se puede pifiar, no hay un problema con eso, como es creativo y no está dentro del sistema lingüístico, se puede usar una vez por párrafo, o una vez por página, voy actualizando el recurso como para que esté presente ese pronunciamiento político de mi lado y esa interpelación del auditorio, y no lo uso sistemáticamente, eso puede ser una de las opciones más probables en mi opinión.
¿Cómo es aconsejable actuar, entonces, frente a una intervención para instituciones donde se exige lenguaje académico y el inclusivo es rechazado?

-El uso del inclusivo es un pronunciamiento político, si me bajan puntos por haberlo usado me están restringiendo en mi idea política, lo contrario también, si me critican porque no lo uso, lo que tampoco es adecuado en democracia, nunca es adecuado. Hay tensiones que se van a expresar, el argumento de bajar puntaje por el uso de la letra “e” es absurdo, porque requiere mayor conciencia metalingüística, no hay una cuestión de ignorancia , al contrario, es un fenómeno que se puede decir que requiere de un conocimiento superior de la lengua, no es que alguien por usar la “e” es más ignorante y no sabe escribir, al contrario, sabe escribir, sabe escribir el genérico y además sabe toda la historia que tiene el genérico, y la razón de la necesidad de intervenirlo, y lo hace adecuadamente, en el lugar que corresponde, eso requiere más conocimiento, si a vos te molesta, te la tenés que bancar, hay muchos que están en posición de poder dentro de la academia, son las tensiones esperables de una lucha política que va a ser difícil y ardua, va a tener momentos de avance y de retroceso, como acabamos de ver en Brasil o en Estados Unidos, por ejemplo, son verdaderos retrocesos de terrenos que se habían ganado. Merriam-Webster (uno de los más prestigiosos diccionarios estadounidenses) acaba de incluir en el diccionario la palabra latinx, es una de las innovaciones más accesibles el hecho de agregar una palabra y es necesario entender el abismo que existe con cambiar una regla, una estructura sintáctica; no hay que pedirle permiso a la Academia Española para usar una palabra, la gente no va al diccionario para ver qué palabra puede usar, y si un tutor de tesis viene a quejarse de que una palabra no está en el diccionario –una irreemplazable para hablar de feminismo, por ejemplo, como fue hasta su incorporación el caso de sororidad- es un mediocre, no puede seguir el ritmo de los desarrollos de los hablantes.

-Es evidente que alguien misógino como el presidente electo de Brasil va a darle voz a todos los machistas de Brasil, que se van a sentir con derecho a decir lo que piensan, algo que pasa más o menos con el racismo en Estados Unidos, que de repente los movimientos nacionalistas blancos están teniendo un lugar de enunciación que hasta hace dos tres años no tenían. Es un proceso que va a ser difícil, el inclusivo es un recurso de intervención, una herramienta entre muchas otras y es un proceso colectivo, no hay magia en cambiar la lengua, porque la lengua es un correlato de lo real, usar la lengua para intervenir, para capturar conciencia, para hacer progresar las ideas en la mayor cantidad posible de gente y que, después de mucho tiempo, eso pueda resultar en algunos cambios en la realidad; ya lo vimos, hay ley de identidad de género, de matrimonio igualitario, de educación sexual, la ley de aborto no punible no pasó, son avances y retrocesos, son los mecanismos democráticos.

¿No resulta extraño ese temor reverencial, desde cierta población, a la Real Academia Española (RAE), una institución tan lejana y representante de un país que nos colonizó?

-Habrá que ver si es un éxito de comunicación de la RAE o una herencia de las jerarquías culturales del mundo colonial que internalizaron los habitantes de la colonia, como la lengua se llama española y en el año mil se hablaba el español allá, les da una prioridad cultural, nosotros seríamos un producto derivado o secundario o algo así, esa idea propia de las jerarquías culturales del modo colonial tiene una continuidad y se ha internalizado, y la Academia Española logró instalar la idea que la prioridad cultural es la de España, cuando en realidad eso es absurdo. El hecho lo muestra cómo se combatió el voceo durante todo el siglo XX en Argentina, simbólicamente la Academia Española instaló la idea que en Argentina se hablaba mal, eso es una idea absurda, sin embargo, el hablante, jamás, por más que lo reflexione, en su práctica lingüística perdió la autonomía. La idea de la lengua como vehículo de la autoridad intelectual es una idea de la ilustración que viene del viejo régimen social, cuando empezaron a circular nuevas formas del prestigio que no tenían que ver con la herencia, y el dominio del estándar culto tiene un papel en ese mecanismo de administrar los roles que cumple cada uno en una sociedad.

Hubo un gran debate por el hecho de que se usara la palabra presidenta en lugar de presidente y que sin embargo no hubiera existido esa demanda con la utilización del término sirvienta.

-El problema con esas palabras es que nadie va a buscarlas en el diccionario, todos asumen que la RAE no acepta presidenta y eso es mentira, está incluida en el diccionario desde la edición de 1889 y en la recomendación que da hoy. En el momento en que apareció la oficina de presidente, fue ocupada por hombres, y la gente, cuando escuchaba la palabra presidente, empezó a escuchar que esa era una palabra masculina, cosa que no sucedió con pianista, por ejemplo; lo mismo pasó con modista, fue un rol ocupado tan abrumadoramente por mujeres que los hablantes empezaron a escuchar que esa era una palabra femenina, son fenómenos naturales inconscientes, es algo que nadie hizo explícitamente.

En el ámbito académico se repite la corrección con ejemplos como: “hay que decir presidente, porque no usamos disertanta”.

-Es una tontería, eso no pasó con disertante, cantante u otras similares, porque es el reflejo de cómo se ordena la sociedad, ahí también la reacción es política.
¿En qué te parece que va a derivar esta situación?

La confirmación discursiva de una lucha política, donde hay avances y retrocesos; este va a ser recordado como el hito discursivo de este momento, que es bisagra, comparable con otros hitos discursivos de luchas humanas como es I have a dream de Martin Luther King, de los derechos civiles de los años 50 y los 60. Hay cosas que se creían totalmente superadas y que resurgen, son la dinámica y la evolución que tienen este tipo de procesos. Uno puede plantear la utopía pero en la realidad hay avances y retrocesos. A veces se gana un poco, a veces se pierde un poco, pero no se vuelve al punto de inicio.

Lenguaje, lengua, prácticas del lenguaje, y otros nombres según las épocas, históricamente hicieron referencia a un contenido con poca prensa, considerado lejano o aburrido, ¿qué reflexión te merece que en la actualidad se haya tornado un bastión de adolescentes, el centro de discusión para definir lo que se denomina batalla cultural?

-Nunca hubo motivación en la población para entender qué era la morfología, cómo funciona la formación de palabras, qué cosas se naturalizan o se perpetuán o están codificadas en la lengua. El protagonismo actual a todas luces es una ganancia, el debate debe enriquecerse y debemos darnos las herramientas de reflexión que exigen todos estos cambios; en la escuela tiene que hablarse de esto, si los alumnos deciden usarlo, tienen que poder hacerlo, deben saber qué significan los morfemas de género o un morfema desinencial, hay una motivación enorme para entender más qué pasa con lo lingüístico, es la oportunidad de dar el debate y de reflexionar sobre un tema que es global, si lo dejamos fuera de las aulas estamos eligiendo ausentarnos de ese debate, no tiene ningún sentido no hablar de esto, y como se trata de un pronunciamiento político, también exige un fuerte compromiso; siempre se debate a los adolescentes, que no les importa nada, pero a nadie se le podría ocurrir hoy decir eso, porque es uno de los grupos que con más fervor está encarnando la causa por la igualdad en la sociedad, y eso como signo es esperanzador, que haya una generación que está protagonizando este momento histórico de cambio; no le veo costados negativos

Noor Jimenez Abraham

Noor Jimenez Abraham

Doctora en Ciencias de la Comunicación Social. Periodista con perspectiva de géneros. Encargada de área Prensa y Comunicación de Ong RATT Argentina (Red Alto al Tráfico y la Trata). Conductora, productora y realizadora del programa radial “Mundo a la Par”. Traductora Pública.

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