Derechos

Las nuevas protagonistas

Foto: Mauro Montenegro PH
Foto: Mauro Montenegro PH

A las ocho menos cinco de la mañana me llega el primer mensaje por Whatsapp. Mi vieja me manda una selfie con un cartel que dice: “La mujer de esta casa hoy para. 8M. Paro Internacional de Mujeres. El trabajo del hogar es trabajo no remunerado. Solo compartirlo todos los días puede aliviarlo. Ni una menos, vivas nos queremos”. Fue el puntapié inicial para saber que a este segundo paro se iban a sumar muchas más que otros años.

El movimiento de mujeres y feminista se reafirma como el lugar donde la unidad, la heterogeneidad y la pluralidad son tangibles. No existe todavía en Argentina otro movimiento que logre juntar, en asambleas y en las calles, a toda esa masa de diversidades. El feminismo supo y sabe, sembrar y cosechar. El terreno fue abonado por cientos de mujeres, lesbianas, travestis y trans que desde sus territorios y sus corporalidades dieron batalla al patriarcado cuando las marchas eran de una cuadra.

Para llegar a hablar de aborto en el programa de chimentos más visto del país, hubo mujeres poniendo en agenda el tema, dando el debate en todos los ámbitos posibles. Se adoptó el pañuelo verde para hacer visible el reclamo en las calles. Nació, hace más de diez años, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, se juntaron firmas en la calle, se realizaron charlas. Aparecieron las consejerías de aborto y las socorristas en red. El misoprostol -medicamento abortivo- se comenzó a utilizar para garantizar abortos seguros. La Corte Suprema de Justicia de la Nación en el 2012 sentó precedente con el fallo F.A.L y se redactó el protocolo de aborto no punible. Esto no alcanzaba y se peleó para cambiar la manera de hablar de esos abortos, hoy es el Protocolo de INterrupcion Legal del Embarazo.

En la marcha, todas las chicas preguntaban dónde conseguir el pañuelo verde del aborto. La cantidad de pañuelos que se hicieron, no alcanzaron a cubrir la demanda. Para que el aborto salga en TV y el pañuelo se convierta en el accesorio infaltable de esta temporada, hubo marchas de pocas mujeres para llegar a las marchas masivas para exigir el derecho al aborto seguro, legal y gratuito. Todas somos gracias a aquellas que nos antecedieron.

En la historia reciente, podemos pensar un momento de inflexión y de paso a la masividad. El Ni Una Menos en el 2015 sorprendió a los movimientos de mujeres y feministas del país, las calles se llenaron para protestar frente a la escalada de violencia machista y su modalidad extrema, los femicidios. Se instaló una nueva fecha en el calendario de género, ahora los 3 de junio todas marchamos.

Pensar que antes los 25 de noviembre, Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer, se realizaban marchas que no superaban las cinco cuadras, con actos en Plaza Pringles para pasar a marchas y festivales. Crecimos, nos expandimos, llegamos a otras, otras nos sumamos a la militancia feminista. Las treinta cuadras de este 8 de marzo son el resultado del camino andado y de la capacidad del feminismo de contener a todas. También, algo tendrán que ver los más de treinta encuentros nacionales de mujeres que por su carácter federal, se realizan en diferentes ciudades del país.

El celular está al rojo vivo, todas tenemos algo para decirnos. Entre amigas celebramos tenernos, deconstruirnos y elegirnos para hacerlo juntas. Se comparten fotos, vídeos de todo el mundo. Amigas que están en otras latitudes mandan audios y mensajes. “Esto es hermoso, somos 30”, escribe Morena desde Cusco. Flor comparte cosas desde España. Las lágrimas están al borde del ojo, aparecen cuando vislumbras que frente y alrededor tuyo se está gestando una revolución. Y en las revoluciones todo está permitido, sobre todo, hacer de la capacidad de emocionarse, una fortaleza.

Mercedes estaba comiendo un helado, de esos con forma de osito, de frutilla y crema americana. El helado enchastró su sonrisa, tiene seis años, está sentada al lado de su mamá. También está su hermana. Ella dijo con firmeza: “Estamos acá porque es la marcha de la mujer”. Y siguió devorando el helado. Su mirada, también, devoraba todo lo que pasaba en la plaza San Martín. En sus retinas y su memoria esas imágenes construirán otro mundo posible.

Cuando llegué a la plaza me preguntaron un deseo feminista, en mis manos, con fibrón indeleble, Nadim me escribió: “Crianzas feministas”. Después de ese momento, no podía dejar de observarlas. Estaban ahí, jugando, corriendo, con remeras y pins. Con las caras pintadas. El feminismo es como una pelota de nieve, avanzando se hace más grande y se lleva todo por delante. En esa pelota, todas son reconocidas sujetas de derechos, protagonistas de sus vidas y portadoras de voces que merecen y quieren ser escuchadas.

Tengo un pin de Ni Una Menos porque no quiero que maten más a las mujeres”, cuenta Guadalupe de ocho años. También dice que le gusta jugar a la pelota, que en la escuela no la dejan y cree que existen diferencias entre nenes y nenas. No hace falta leer sobre feminismo para ser feminista. Las niñas dan cuenta de la necesidad de la implementación de la ley de Educación Sexual Integral en todas las escuelas y jardines. Saben que esas diferencias no son naturales, alguien, algo las inventó.

Si a los doce años hubiese sabido que ningún varón podía maltratarme por ser mujer y que tenía derechos sobre mi cuerpo, seguro me hubiese ahorrado un par de malos momentos. Sara tiene una corona en la cabeza, no es de princesa, es más bien de soberana. “Vinimos a hacer una marcha contra la violencia de género, los femicidios y por los derechos de la mujer”. Las chicas de doce hablan de femicidios. No existe la posibilidad de escucharlas decir crimen pasional. Otro punto para el feminismo que sabe modificar, a fuerza de luchas, el lenguaje que nos construye y constituye.

-¿Vos pensas que podes hacer lo mismo que los chicos?

– Si, porque tengo los mismos recursos, porque nadie me va a decir que no lo puedo hacer, porque tengo los mismos derechos y porque soy mujer.

Las palabras salen sin titubear de su boca. Nadie le va a poder decir nunca a Sara que no puede hacer algo porque es una chica.

Foto: Marina Alonso
Foto: Marina Alonso

Azul tiene cinco y Lucía casi tres. Azul sabe que venimos a marchar por el día de la mujer y cuenta que su color favorito es el violeta. La plaza desbordaba de violeta. Lucía, con su voz de nena que está aprendiendo a hablar, dijo: “Hoy vamos a marchar porque vamos a cantar canciones”. Acto seguido, una mini feminista en potencia canta con ganas el hit de las pibas: “Abajo el patriarcado, se va a caer, se va caer. Arriba el feminismo, que va a vencer, que va a vencer”. Una mujer le pregunta a la mamá de Lu si le puede sacar una foto, ella le dice que le pregunte a Lucía. Esta feminiña responde con firmeza: “¡No!”.

Zamira y Clara de diez años en momentos diferentes de la marcha dijeron que estaban ahí porque quieren ser libres. Lola de doce quiere que se termine el acoso y cuando lo dice se nota la rabia en su voz. Tiene la edad en la que se empieza el secundario, en la que el cuerpo muta y se transforma. La edad en la que empezás a ir sola a la escuela o al kiosco. Edad en la que todas experimentamos una mirada lasciva o un mal llamado piropo.

Me acerco a un grupo de chicas, tendrán entre quince y dieciocho años. Les pregunto si quieren hablar, una me dice hablá con ella y señala a una de las chicas, “es su primera marcha”. Agustina tiene doce, es la primera vez que se acerca a una marcha. Estuvo leyendo por internet e informándose con sus amigas. “Hace bastante que pienso que estamos mal, no todos tenemos los mismos privilegios”, dice Agus y continúa, “con mis amigas nos informamos todas juntas y pensamos que todos tenemos que tener los mismos derechos y que los géneros tienen muchas diferencias”. Para ella es importante decir que no solo está ahí por los femicidios, Agus remarcó: “En los temas del trabajo ellos tienen superioridad, es lo que tenemos que cambiar. Yo voy a una escuela católica ahí se marcan mucho las diferencias de género, igual eso no cambia mi pensamiento”. Al momento de elegir un deseo para el 2018 pidió que el aborto sea legal y que se nos escuche.

A Rocío también le parece importante el aborto. Ella dijo: “Estamos haciendo una marcha por las mujeres, para pedir por nuestros derechos. También por el tema del aborto porque hay mujeres que abortan en cualquier lado y se pueden morir por las infecciones”. Renata y Yasmín que están en quinto año de la secundaria pidieron aborto legal y fueron a la marcha por primera vez porque sintieron que tenían que hacer algo. Ellas describieron la movilización como un lugar donde hay una energía hermosa, donde te sentís cómoda, donde hay buena onda, remarcaron que les encantó estar juntas y unidas.

Este 8M fue una jornada histórica que va a ser recordada en la agenda feminista como el día que todas corrimos el eje de la tierra, paramos el mundo y nos hermanamos entre más de setenta países para ponerle un freno al patriarcado y al capitalismo salvaje que oprimen nuestras cuerpas de mujeres e identidades feminizadas.

Somos nosotras las que morimos cada dieciocho horas, las que cobramos un 27% menos por realizar las mismas tareas, las que cuidados de otros y otras, las que realizamos la mayor parte del trabajo doméstico, las que abortamos clandestinamente, las más pobres, la tasa más alta de desocupación, las que no llegamos a puestos jerárquicos, las travestis que no superamos los cuarenta años. Para nosotras el feminismo es el horizonte que vemos cada vez más cerca.

Algo grande se gesta y las mujeres no le ponemos freno. Esta cuarta ola feminista busca cambiarlo todo. Esta vez, disputamos el poder en todos los frentes posibles y lo hacemos gozando y deseando. Bailando cumbia hasta que duelan los pies, abrazandonos fuerte con las tetas llenas de glitter, con los rostros pintados y las sonrisas enormes.

Todo esto cobra sentido cuando nos damos cuenta que el feminismo abre caminos para que otras puedan crecer más libres y menos oprimidas. Las chicas superpoderosas lo saben y no las frena Mojo Jojo, ni ningún villano.

La nota fue publicada en: http://www.rapto.com.ar/2018/03/12/8m/

Flor Mainardi

Flor Mainardi

Redactora de la Agencia Sin Cerco. Columnista en Lo que resta del día

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