Entrevista

“La razón y la emoción no deben separarse como compartimentos”

carolina escudero

Carolina Escudero es una mujer que pese a su juventud tiene una gran experiencia por lo que se ha ganado el mérito de varios títulos: académica, periodista, meditadora, maestra. Maestra no  solo en el sentido del aula y el libro de textos, que también lo es, sino en el sentido más amplio que incluye la ética, la empatía y la invitación a seguirla en un derrotero que lleva a un mundo de claves ajeno a la vertiginosidad de las frases hechas a la que nos vamos acostumbrando.

El sistema patriarcal produce en nosotras mujeres una auto imagen en rompecabezas, los ojos, las piernas, la cola, la corporalidad seccionada y disociada de la emocionalidad  y el sistema capitalista nos convierte o lo intenta con bastante éxito en personas más allá de los sexos y los géneros con avidez de consumo y tendencia a la acumulación.

Carolina es una de esas mujeres que sin estridencias pero con firmeza viene a decir que detrás del espejo que se nos impone hay otras realidades, que podemos atravesarlos como Alicia en el País de las maravillas y que el secreto habrá de encontrarlo cada quien porque no hay fórmulas universales, lo que si hay es técnicas que se aprenden y caminos que se recorren cuando se los reconoce.

El dolor humano y la injusticia son motores que la llevaron a repensar el orden de lo aprendido y a plantearse que la fortaleza es una condición humana que los sistemas heteropatriarcal capitalista atacan porque necesitan fortalecer la debilidad  y marcar las diferencias que nos aíslan para sobrevivir  como sistemas.

Si bien vive transitoriamente en Barcelona estará en Buenos Aires para coordinar dos talleres, en el marco del Encuentro de Periodistas con Visión de Género de las Américas que se realizará en julio, que con diferente público sostiene la misma idea: el fortalecimiento y la recuperación a pesar del daño sufrido es posible si sabemos cómo.

Empecemos por el taller para periodistas. ¿Por qué  te planteas la realización de estos talleres? ¿Cómo es que lográs integrar técnicas que aparentemente son incompatibles? ¿Por qué el periodismo?

La academia  en general pero en especial aquellas disciplinas referidas a la calidad de vida: medicina, educacion, habitat, obviamente comunicación, siguen teniendo una gran deuda con el estudio de la meditación y el impacto de estas prácticas en la vida cotidiana de las personas que por supuesto incluye sus vidas profesionales.

Si bien creo que como periodistas somos una comunidad resiliente sé que esto no alcanza porque seguramente podemos sentirnos en muchas situaciones vulnerables y bajo fuerte impacto  psicológico. Muchas veces trabajamos codo a codo con bomberos, paramédicos, soldados, psiquiatras, víctimas de diferentes violencias… ni hablar de las catástrofes y los temas policiales que son catástrofes en dosis pequeñas igual que la ausencia de justicia  aunque lo naturalicemos.

El tema es que no hemos recibido un entrenamiento personal ni profesional para trascender determinadas situaciones que nos violentan y por lo tanto resultan traumáticas. Cargamos en el cuerpo una mochila de situaciones pesadas aunque invisibles que luego llevamos a casa, a nuestra familia…un peso que muchas veces puede derivar en síntomas como insomnio, ansiedades, depresión. Mi objetivo en este taller es que periodistas y profesionales de la comunicación puedan reconocer el tipo de emociones así como ser conscientes del impacto de los temas que cubren sobre su propia vida cotidiana. Una vez reconocidas dichas emociones aprender técnicas sencillas para poder hacer uso de herramientas que les permitan mejorar o transformar si fuera necesario su calidad de vida y su entorno laboral.

¿Cómo nace esta preocupación por el impacto de los hechos en las personas que deben relatarlos?

Mientras finalizaba mi licenciatura en Francia, la facultad nos llevó a hacer el trabajo de fin de grado a Belgrado, la ex Yugoslavia tras la guerra. Era el año 2001. Puedo cerrar mis ojos y ver, recordar aquellos edificios grises y destrozados, pueblos fantasmas. Fue la primera vez que caminé por una ciudad que había sido castigada por la guerra, destrozada por las bombas, jóvenes que tenían mi edad y eran estudiantes de la universidad que habían sobrevivido parecían mucho más grandes, mayores. Entendí que la guerra de alguna forma u otra había acabado con una parte de ellos. Algunas chicas habían perdido el cabello, los dientes…Desde la universidad nos habían dado una hoja con instrucciones acerca de los lugares que no podíamos visitar, estaba prohibido beber el agua corriente porque todo parecía estar contaminado. Una de las estudiantes me invitó a su casa a conocer a su familia en uno de los barrios que fijaba el límite de marco de acción de nuestras entrevistas. Era un lugar gris de casas abandonadas donde aún se podía oler el paso de la guerra, percibir los bombardeos. Entonces su madre abrió la canilla, llenó una jarra de agua para hacernos un jugo de naranja en polvo. Aquella imagen quedará siempre en mi memoria…la pertinencia de la pregunta acerca de si bebía o no aquel vaso de jugo con agua corriente, algo que estaba prohibido expresamente en las instrucciones que había recibido. Sin embargo me dije que sí, que no podía rechazarlo, porque sería un desprecio. Si ellas bebían yo lo haría con ellas. Brindamos y ese brindis fue el inicio de una búsqueda de respuestas a muchas preguntas acerca de mis años por venir como periodista.
Recuerdo mucho de todo aquello, sobre todo los relatos de jóvenes que al contarme sus noches de insomnio debido al paso de los aviones levantaban sus hombros y hundían sus cabezas…todo aquello me hizo conectar con otra zona de conciencia: “Yo me voy de acá, -me decía- escribo publico…y ellas, ellos?” Me sentí vacía de herramientas ante aquellos relatos que yo debía, como un puente, llevar a quienes me leyeran. No solo se trataba de cómo escribir correctamente, algo que por supuesto también es importante. Me prometí iniciar una búsqueda y esa búsqueda lo supe después debía comenzar dentro mío.

¿Dejaste de trabajar como periodista? 

No, no dejé nunca. Seguí trabajando como periodista en diversos países, estudiando en la universidad y me permití la apertura vivencial a otros conocimientos como Reiki, Yoga de la Risa, Aikido, Yoga, meditación trascendental. Razón y emoción no deben separarse como compartimentos estancos porque nos debilitamos. Comprender esto me llevó a unificar los conocimientos y compartir las herramientas.

Comprendo que hay periodistas que están ya en condiciones de sumar a sus experiencias profesionales otro tipo de saberes, mientras que habrá seguramente aún más personas a quienes les resulte una combinación incomprensible, una pérdida de tiempo. Es respetable, cada cual con sus necesidades y prioridades, sus grupos de pertenencia. Hay mucho por hacer, tal vez el primer paso sea hacer visible la necesidad -que no vemos – de ser “esta que soy”. Los talleres tienen que ver con esto. Aprender técnicas adecuadas para metabolizar aquello que nos impacta, que nos es revulsivo o que nos emociona. Es decir que nos toca, como esa frase que dice me tocó el corazón. Necesitamos aprender a fortalecernos también por la tarea que realizamos sin temer que idea y emoción se junten en nuestra interioridad.

Me interesa mucho Ross, esta autora establece por qué y cómo los medios de comunicación-profesionales pueden desempeñar un papel influyente en la ejecución de la curación generalizada por sus espectadores y  también de las personas que trabajan en ellos como periodistas, técnicos…Si comprobamos que en el cotidiano los medios aumentan los niveles de violencias e incrementan la idea de que los conflictos se resuelven a los golpes deberíamos probar poner ese poder al servicio de otros paradigmas posibles, otros modelos de resolución de conflictos otra valoración de la paz que ahora es visibilizada como aburrida.

¿Como ves el aprendizaje del periodismo en relación a tu planteo?

Un gran tema son quienes estudian comunicación o periodismo. Algunos vienen y me recuerdan que tienen un promedio de 10/10 que no te salva de tener un 0 en empatía, 0 en el respeto por el o la otra…Una mente activa laureada por “calificaciones” mensurables no alcanza. Muchas veces les invito a mis estudiantes a respirar conscientemente antes de la clase…Aprender esta profesión u este oficio creo yo que implica desarrollar una posibilidad de contacto con aquella historia y sus protagonistas desde un lugar que no solo responda mecánicamente las 5 W.Y  Eso se aprende aunque todavía no se enseña formal e institucionalmente, pero ya llegaremos también ahí.

Vamos a la historia que te lleva al segundo taller. Hemos compartido en el último Encuentro Internacional de Periodistas realizado en Barcelona (donde Carolina está viviendo con su familia) una experiencia muy conmovedora…

Si es que en España he comenzado a compartir estos conocimientos y resultados de investigación y experiencias con un colectivo llamado SOS Bebés Robados de Catalunya. Son familias a las que durante e incluso después del franquismo les robaron a sus bebés. Aun los siguen buscando, a pesar de tantos años, a pesar de los oídos sordos de la justicia, a pesar de que pasaron por muchos medios de comunicación pero no tuvieron un tratamiento periodístico adecuado. Sufrieron un gran descrédito.

Entonces trabajamos la resiliencia, mejor dicho recordaron cuán resiliente son, se enraizaron en esa resiliencia para contar sus historias de búsqueda desde un nuevo lugar. El motor de las búsquedas y de la comunicación de este tipo de grupos es trascender las emociones como el odio  y buscar, para encontrar, emociones que hacen de la vida cotidiana y de nuestras comunicaciones espacios más armoniosos. Si el motor es el querer abrazar a quien busco, si conecto con lo reconfortante de ese abrazo el mensaje es más claro, ellas podrán llegar a los medios desde un nuevo lugar y los medios sabrán comprender mejor la causa, y tendrán curiosidad por indagar sobre el tema. Cuando hablo de que el motor no sea el odio o el enojo no se trata ni de negar lo sucedido, ni de negar que estas emociones existan, son legítimas porque está bien enojarse frente a las injusticias. Pero saber poner las cosas en perspectiva ayuda a seguir creciendo. Para eso hay que creer en quién es una misma, en el caso de estas madres por ejemplo y volver a apostar desde  entimientos que llamamos positivos por los efectos que producen.

Ya no me puedo imaginar seguir escribiendo, investigando, indagando en los temas que me interesan y que me quitan el sueño sin tomar como referencia las herramientas que me aportan la meditación y las prácticas que se apoyan en la mente y sus potencialidades.
¿Por qué talleres? Y no clases, por ejemplo.

Aquella experiencia en Belgrado me hizo repensar y pude revisar mis creencias, desde qué lugar quiero hacer las cosas, cuál es mi motor. Si bien en un principio me resultó muy duro aquello que vi, hoy agradezco aquella experiencia. Y quiero compartir lo que aprendo, porque creo en el crecimiento colectivo con otras y otros en el camino, por eso los talleres. El encuentro, la energía de los encuentros produce conocimiento, una cree porque así se lo enseñaron que saber es recordar lo que leímos en los libros y eso es parte de la verdad. Los grupos producen conocimiento en el intercambio de saberes, de experiencias, de curiosidades frente a la propuesta novedosa de meditar no para relajarse ( o no solo) sino para fortalecerse. Al trabajar en el formato taller se  despliegan los mecanismos reparadores de la solidaridad y eso sin duda es fortalecedor. Lo fue para las madres argentinas y lo está siendo para las españolas. El dolor es individual; la recuperación del dolor es sin embargo colectiva.

Y en relación al periodismo que parece -y es- una tarea tan solitaria, alguien con el micrófono, la computadora, la captación de la imagen es una persona sola frente a su escenario pero en grupo para fortalecerse. Estas pautas que se desestiman en tiempos donde todo parece descartable son parte de mi objetivo. Recuperar el poder de la palabra curadora, de la energía grupal y de las técnicas de meditación al servicio del fortalecimiento

Técnicas que se utilizaran en los talleres

  • Mindfulness: Ejercicios basados en la técnica de la “Atención Completa”.
  • Yoga de la Risa: basados en las técnicas de relajación y yoga propuestas por el Dr. Madan Kataria.
  • La resiliencia comunitaria.

Carolina Escudero es periodista, investigadora,  docente universitaria. Estudió periodismo en TEA de Argentina y se licenció en el Grande École de Periodismo CUEJ, Université Robert Schuman de  Francia. Obtuvo su Maestría sobre la Diferencia Sexual en la Universidad de Barcelona y actualmente realiza su doctorado en Psicología Social en la Universidad Kennedy de Argentina. Ganadora de la beca europea Leonardo Da Vinci que le permitió trabajar en la Unión Europea, Bruselas.

Sus artículos, capítulos e investigaciones han sido publicados en  Argentina, Bélgica, Bolivia, España, Estados Unidos, Francia, Holanda, Inglaterra y Venezuela. Dirige los programas académicos “Barcelona & Buenos Aires Program” de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia Missouri, Estados Unidos.  Es Profesora Asociada del Women and Gender Studies, University of Columbia, Missouri, Estados Unidos. Es instructora en Yoga de la Risa, Maestra de Reiki.

El taller para público en general se realizará el miércoles 20 de 9 a 13 y el taller para periodistas, el jueves 21 de 14 a 17. Ambos son gratuitos y se desarrollarán en La Casa del Encuentro, Avda. Rivadavia 3917 – CABA.

Inscripciones: carola.escudero@gmail.com

Liliana Hendel

Liliana Hendel

Me recibí formalmente de Psicóloga y la vida me convirtió en Periodista. Feminista en cualquier circunstancia. Tengo la alegría de haber llevado los temas de géneros al ámbito de los noticieros en la televisión abierta. Me honraron con menciones y premios. Sigo, a pesar de las resistencias, porque lo personal es político y la historia la escribimos cada día. Esta vez no permitiremos que la borren.

2 Comentarios

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  • La anécdota donde esta periodista que compartió un vaso con agua, supuestamente contaminada, con una familia en Belgrado, me remitió a una entrevista a Patricio Doyle, ex sacerdote, licenciado en teología y trabajador social, enviado al chaco salteño para trabajar con los wichis. A su llegada le llamaba la atención que los wichis no compartieran el mate con otros, que no fueran de su etnia. En una oportunidad les dijo que quería tomar un mate con ellos. Esto generó una conmoción en la comunidad y consultaron al cacique. Este, conmovido, le dijo que nunca otros “blancos” quisieron compartir con ellos, porque temían contagiarse con las múltiples enfermedades que padecían. Ese gesto, originado en el deseo y en la ignorancia, le abrió el camino hacia “dentro” de la comunidad y le permitió, quedarse entre sus amigos por 30 años y estudiar su lenguaje en profundidad. El acto generoso de dar y recibir nos puede cambiar la vida. Excelente nota.