Entrevista

“Hay que garantizar un mínimo de 14 semanas de licencia por maternidad”

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El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) hizo público un documento sobre la situación de la primera infancia en Argentina en las áreas de protección social, educación, salud y cuidado, donde llama a implementar políticas para asegurar el bienestar de los niños de 45 días a 5 años. Algunos de los datos son preocupantes. La pobreza está infantilizada: el 30 por de los chicos y chicas son multidimensionalmente pobres y en los menores de 5 años, el porcentaje llega a 34,4 por ciento. Además, casi un 79 por de los chicos de entre 0 y 3 años no accede a servicios educativos y de cuidado, un porcentaje que varía fuertemente en cada grupo social y región del país.

Florence Bauer, representante del organismo en Argentina, analiza la situación. Valoriza la Asignación Universal por Hijo y pide que las licencias por maternidad y paternidad, así como los servicios de cuidado, se amplíen. “Es una cuestión, primero, del desarrollo del niño, porque el niño lo necesita. Segundo, es una cuestión de equidad de género. Y tercero, una cuestión de desarrollo económico”, plantea.

–¿De dónde es?

–Soy francesa y alemana. Nací en Alemania. Mi infancia la pasé entre Alemania, Italia y Francia. Mi papá es alemán y mi mamá francesa.

–Después siguió viajando.

–Sí, estoy casada con un italiano.

–Estudió administración de empresas ¿Cómo llegó a trabajar temas de infancia?

–Estudié administración de empresas y empecé a trabajar en el sector privado. Trabajé con Procter and Gamble en la sede que estaba en Bruselas. Yo trabajaba en compras de productos químicos. Muy distinto. Me quedé como cinco años. Pero siempre tenía esta idea de que un día iba a hacer un trabajo más social y dejar el sector privado. Así que dejé. Fue una decisión mía salir de la empresa e hice un cambio radical. Empecé en una ong en los suburbios de Río de Janeiro. En la parte más difícil, como el conurbano, las afueras, favelas.

–¿Por qué en Brasil?

–Circunstancias. Conocí a mi esposo, que tenía como objetivo de vida vivir en Brasil. Juntamos los dos proyectos de vida y decidimos dejar todo y salimos. Trabajé en esta ong durante casi tres años también en ámbitos de infancia, educación, salud. Yo hacía más la parte de coordinación, de administración. Era una ong pequeña. Después apliqué a Unicef y empecé en Brasilia en 1999 y desde entonces estoy con Unicef.

–Estuvo en Bosnia y Herzegovina…

–Sí. El último puesto antes de Argentina fue en Bosnia y Herzegovina durante cinco años. También como representante.

–Un lugar difícil…

–Un lugar interesante. Muy difícil porque está en una fase de posconflicto, entonces todavía hay mucha tensión entre los grupos étnicos. No es un conflicto armado pero sigue siendo una situación de mucho conflicto. Entonces Unicef tiene un rol también de juntar partes de la población, grupos que no se hablan.

–¿En los chicos cómo impacta el conflicto?

–Es un país de menos de 4 millones de personas. Lo que me llamó mucho la atención es el acceso a la educación inicial, que es muy bajo, me refiero a la franja de cuatro a seis años. Cuando llegué a Bosnia, tenía acceso a la educación inicial el 6 por ciento de la población, me pareció espantoso, entonces este es un tema que trabajamos mucho. Aumentó mucho en estos años. En protección social hay un sistema muy pobre, muy debilitado, la pobreza es muy alta. En fin, una situación compleja. Después, llegué a la Argentina en julio de 2014.

–¿Cuáles son las similitudes y diferencias en las problemáticas en torno a la infancia con América Latina?

–Lo que llama la atención en América Latina son las disparidades. No es el continente más pobre del mundo pero es el más desigual. Y esto llama mucho la atención. Por ejemplo, en un país como Bosnia y Herzegovina hay una pobreza más generalizada, la diferencia entre el más pobre y el más rico no es tan grande. Lo que llama la atención en América Latina y lo vemos acá también, por ejemplo, es la diferencia entre la ciudad de Buenos Aires y las provincias del norte. Las diferencias entre la parte más rica de la población y la más pobre en indicadores como acceso a servicios, acceso a cuidados… Trabajando en Brasil antes, era parecido.

–¿Cuáles son los principales problemas de la infancia en Argentina?

–La pobreza afecta toda la infancia. Decimos que la pobreza está infantilizada en el sentido de que es alta en la infancia, un 30 por ciento de los chicos y chicas son pobres. Y si analizamos focalizándonos un poco en la primera infancia, de cero a cinco años, sube al 34 por ciento.

–-O sea que hay más probabilidades de ser pobre si se es más chico.

–Sí. Ese es el primer desafío. Y la pobreza en esta fase de vida tiene un impacto muy grande, quizás el mayor. Sabemos todos los estudios que muestran que lo que el niño vive en esta fase de vida, de los cero a los tres o a los cinco años de vida, tiene un impacto en su desarrollo social, emocional, físico que le va a afectar para toda la vida. Por eso es tan importante tener todo el apoyo desde el inicio. Entonces, la pobreza nos preocupa. Relacionado con esto, el acceso a protección social. Argentina tiene un acceso a protección social bastante bueno, en particular con la Asignación Universal por Hijo (AUH). Pero al mismo tiempo el AUH no llega a todos los niños. Entonces estamos trabajando con la Anses porque hay un millón y medio de chicos, se estima, a los cuales no llega.

–¿Por qué?

–Por varias razones. Pueden ser razones burocráticas, que no tienen los documentos que tienen que tener, que no estén en el sistema. Por esto estamos empezando a trabajar con Anses y el Banco Mundial, que está aportando también financiamiento, para ubicar a estos niños. Entonces, la pobreza es un tema importante. El acceso a servicios de cuidado también. Es muy importante que los niños tengan acceso a estos servicios. Hay un 80 por ciento de los chicos de cero a tres años que no tienen acceso a este tipo de servicio. Los que tienen acceso son los que viven en ámbitos urbanos, de los quintiles más altos. O sea, si uno es rico en una ciudad la probabilidad es mucho más alta, si es pobre en un ámbito rural es casi nula; cuando sabemos que son fundamentales estos tipos de servicios.

–El tema de los servicios de cuidado está muy fuerte en la agenda internacional en los últimos años. Pero los Estados parecen seguir descansando en las familias o en las personas individuales la resolución de estos servicios. No toman como obligación la necesidad de ofrecer jardines o guarderías por ejemplo.

–Sí, hay esa tendencia pero creo que ya estamos pasando esa etapa. Por ejemplo, en Argentina el gobierno ha dicho que la primera infancia es una de sus prioridades.

–¿El gobierno actual?

–Sí. La primera infancia es una de sus grandes prioridades, ahora hay que avanzar. Por ejemplo, hay recursos que están asignados para primera infancia pero hay que desarrollar más los servicios en las provincias. Esto cuesta. Hay un tema de calidad  también. Una cosa es aumentar el acceso y otra aumentar la calidad.

–Pero, por ejemplo, la ciudad de Buenos Aires que es la más rica del país tampoco garantiza las escuelas para todos los chicos que la necesitan…

–Hay más acceso acá que en resto del país.

–Pero aún acá no alcanza

–Falta. No estamos al ciento por ciento. Relacionado con eso, la importancia de la familia también es fundamental. Nos preocupan las licencias de maternidad y paternidad, algo que se está hablando en este período. Uno de cada dos trabajadores se estima que no tiene una licencia por maternidad o paternidad.

–Porque no están en el sistema formal del trabajo.

–No están en el sistema formal. Entonces, es un tema que preocupa mucho. Tendría que haber un mínimo de catorce semanas para las madres.

–Tres meses.

–Sí. Es la recomendación de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Un mínimo de catorce y un ideal de dieciocho. Acá es muy irregular. No solo la mitad no tienen, sino que los que tienen depende de donde viven, de las provincias, algunas tienen más otras menos, las empresas también. De paternidad son dos días. No es nada.

–Salvo algunos convenios específicos que las amplían.

–Sí.

–El gobierno nacional dijo que no iba a apoyar los cambios en la ampliación de las licencias.

–Nuestra posición es que sí hay que ampliarlo, que hay que garantizar un mínimo de licencia por maternidad y progresivamente la de paternidad también. Es una cuestión primero del desarrollo del niño, porque el niño lo necesita. Sabemos que en esta primera fase es muy importante, entonces, es obvio. Segundo, es una cuestión de equidad de género. Y tercero, una cuestión de desarrollo económico. Porque cuando hay una licencia se le da mucho más acceso a la mujer al mercado de trabajo. Es importante resaltar en la discusión actual que también a nivel económico para dar acceso a la mujer es importante tener la licencia, sino pasa a ser una variable…

–Ni siquiera es tanto hablar de catorce semanas, en varios sectores y en otros países hay mucho más.

–Y los países que lo hicieron vieron que tiene un impacto positivo en la (disminución de) pobreza. A mediano plazo hay un retorno mayor. Los niños están en mejores condiciones, baja la pobreza. Hay muchos estudios que demuestran que dependiendo del apoyo que reciben al inicio es parte del esfuerzo para romper el círculo de la pobreza, junto con el acceso a centros de cuidado, de crianza. Todo es parte de la misma estrategia para romper el círculo de la pobreza. Es importante tener una legislación que permita tener este derecho garantizado, tanto para el niño como para la madre.

–El gobierno se comprometió con la primera infancia pero otras políticas del mismo  gobierno han generado desempleo, más pobreza, que como dice, es el principal problema para los chicos…

–En paralelo a las medidas económicas que el país decide tomar, hay medidas que protejan las poblaciones más vulnerables.

–Pero cuando aparecen las crisis, muchas veces lo primero que se recortan son las políticas sociales.

–Por el momento no está pasando. Está el plan de expandir la AUH. Y el gasto social que estamos monitoreando  por el momento está bien. Es una buena decisión que se está tomando en el país. No se están cortando esos aspectos. Pero lo que sí hay que hacer es avanzar. Hay un montón de medidas enunciadas. El organismo acompaña para que esas medidas que se anunciaron se pongan en práctica. Por ejemplo, las provincias en esta segunda mitad del año pudieron presentar proyectos para la primera infancia. Estamos apoyando también las provincias para poder desarrollar estos proyectos.

–Volviendo al tema de los cuidados. Hay un debate en torno al tipo de servicios que se promueven. Por ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires el gobierno desarrolló los Centros de Primera Infancia que dependen del área de desarrollo social y paralelamente están los jardines que dependen de educación. Como si hubiera un doble estándar, por un lado para sectores vulnerables, por el otro para el resto. ¿Cuál es la opinión sobre este tema?

–La posición es que es el país, la provincia, la ciudad es el que decide bajo qué ministerio, bajo qué área deben estar estos servicios. Lo que sí es importante es tener estándares de calidad común. Porque no queremos que haya servicios para pobres y servicio para ricos. Hay que tener estándares de calidad comunes independientemente de donde se encuentren. Y que la propuesta sea la de estimular, jugar, de ayudarlos en el crecimiento. Que no sean espacios donde únicamente van a comer o que no sean depósitos de niños, donde les prendan la televisión y los dejen… lo que buscamos es que sean escuelas infantiles que estimulen el desarrollo.

–¿Cuáles son las políticas que se deberían llevar adelante?

–Varias. Una es tener un sistema de medición regular de pobreza y de inversión en la niñez. Nosotros apoyamos observatorios en provincias. Hemos hecho estudios de medición de la pobreza multidimensional. Es importante medir esto de manera regular. También hay que seguir ampliando los servicios de primera infancia con estándares de calidad mínimos para todos en todo el país buscando llegar a las poblaciones más vulnerables, en sectores rurales, en el norte del país. Lo mismo con educación inicial, clases de tres, de cuatro y de cinco. Hay que avanzar con esto lo más rápido posible. Otro aspecto contra la pobreza es seguir ampliando la AUH para integrar los chicos que no están.  Además, garantizar las licencias por maternidad correctas. Un mínimo de catorce semanas para las mujeres.

–¿Y para los varones?

–No hay un mínimo para los varones pero tiene que ir subiendo. Se podría decir un mínimo de dos semanas, por ejemplo. También hay otras temáticas relacionadas con la violencia. La violencia existe, existe el abuso sexual también entre cero y cinco años. No es la población más afectada pero los pocos números que tenemos, de la ciudad de Buenos Aires, muestran que de los casos de abuso sexual en la niñez, el 15 por ciento son en esa franja. Hay que seguir trabajando este tema, desnaturalizar la violencia. Tener sistemas para poder denunciar. Y sobre todo comunicar. Hemos hecho una campaña contra el abuso sexual: “hablar es empezar a prevenir”.

–¿Las políticas de educación sexual integral desde los inicios de los chicos en la escuela ayudarían a prevenir?

–La mejor forma de combatir el abuso sexual contra niños es trabajar en la prevención y en la detección temprana. Por ello es imprescindible diseñar políticas públicas que promuevan la detección y prevención, campañas de sensibilización dirigidas tanto a niños como a los adultos referentes, a los distintos organismos del Estado involucrados (educación, salud, sistema de protección, policía y justicia) y a la sociedad en general. En Argentina no existen datos oficiales sobre casos de abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes. No se conoce la cantidad total de casos denunciados y/o con intervención estatal. Sin embargo, el abuso sexual es una problemática que afecta a gran cantidad de niños y niñas y genera daños irreparables. Sólo en la Ciudad de Buenos Aires, según  las estadísticas del Programa Las Víctimas Contra Las Violencias de Presidencia de La Nación más del 50 por ciento de las víctimas atendidas por el Equipo Móvil de Atención a las Víctimas de Delito contra la Identidad  Sexual son niños, niñas y adolescentes. El 14,5 por ciento de estas víctimas es menor de 5 años de edad. La mayoría de los casos de abuso sexual contra niños no son denunciados. Ello sucede en gran parte porque los abusos sexuales se producen dentro del seno familiar y no están dadas las condiciones necesarias para garantizar la protección de los chicos, las chicas y su familia y asimismo, porque los mecanismos y espacios de denuncia no  promueven la escucha adecuada ni cuentan con personal especializado para niñez. Por ello, es fundamental facilitar espacios de denuncia en los que se produzca una escucha adecuada y coordinación de intervenciones que evite la revictimización del niño, garantice su derecho a ser oído y asegure su protección y la de su familia.

–¿Cuál es el balance a más de 25 años de la Convención de los Derechos del Niño? 

–La Argentina en particular puede enorgullecerse por los muchos avances conseguidos en materia de derechos de la niñez y la adolescencia en este tiempo. En materia de salud, por ejemplo, se logró reducir la mortalidad infantil. Políticas como la ampliación y gratuidad del calendario de vacunación y la Asignación Universal por Embarazo, con sus requisitos de controles obligatorios, contribuyeron a éste logro. La Asignación Universal por Hijo es otro hito importante en estos 25 años, que contribuyó para reducir la desigualdad y la cantidad de niños, niñas y adolescentes con necesidades básicas insatisfechas. En el área de educación, el país lidera en la región al establecer la obligatoriedad de 14 años de escolaridad. Sin embargo, Argentina enfrenta importantes desafíos como reducir la desigualdad entre las provincias que se manifiesta en indicadores de pobreza, de salud materno infantil, o de acceso a educación inicial y secundaria. Consolidar los avances y garantizar que la protección social llegue a todos los chicos y chicas constituye uno de los principales retos para los próximos años. Asimismo es prioritario garantizar el acceso a centros de cuidado para la primera infancia y  a centros de educación inicial, ambos de calidad, así como lograr la asistencia y permanencia en la escuela secundaria, donde los chicos y las chicas reciban una educación de calidad. Finalmente, proteger a los niños, las niñas y los adolescentes contra las situaciones de violencia a las que están expuestos en el hogar, en la escuela y en la comunidad es un deber de todos como sociedad.

 

La nota fue publicada en: https://www.pagina12.com.ar/14480-la-mitad-de-los-trabajadores-no-tienen-una-licencia-por-mate

Sonia Santoro

Sonia Santoro

Periodista y escritora argentina. Licenciada en Comunicación (UBA) con un diplomado en género y comunicación (Instituto José Martí, Cuba). Escribe en el diario Página/12. Escribió los libros "Periodismo con G. Entrevistas en perspectiva" y "Y un día me convertí en esa madre que aborrecía". Coordinó los cortos documentales "Políticas en los medios" y "La mujer mediatizada. Presencia Femenina en los medios argentinos". Editó los libros "Las palabras tienen sexo. Introducción a un periodismo con perspectiva de género" y "Las palabras tienen sexo II. Herramientas para un periodismo de género". Fue presidenta de la Asociación Civil Artemisa Comunicación.

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