Entrevista

Feminismo, diversidades y revolución

tarducci

Mónica Tarducci es antropóloga, feminista, docente universitaria, directora de la Maestría de Género de Rosario. En esta entrevista aborda el tema de las diversidad, las mujeres, las licencias por maternidad y paternidad, entre otras cuestiones.

En Argentina, a partir del año 2010 y con la sanción de la ley 26618 -conocida como de Matrimonio Igualitario-, dos personas mayores de edad pueden decidir casarse independientemente de si son o no del mismo sexo, y pueden tener hijos e hijas y/o adoptar. Con el nuevo Código Civil que rige desde agosto de 2015, aunque no contraigan matrimonio pueden tener hijos e hijas ya que se introduce la voluntad procreacional que sitúa a la maternidad y paternidad en un lugar más amplio que el meramente biologicista. Las leyes que se fueron sancionando posteriormente a la de Matrimonio Civil contemplan estas realidades y a estas familias, que no son nuevas, pero ahora para la ley son posibles, como por ejemplo la de Técnicas de Reproducción Asistida, pero qué pasa con las otras leyes.

—Mucho se habla en estos tiempos acerca de las licencias por maternidad y paternidad, pero dentro de esos análisis pocas veces se contempla a las familias homoparentales ¿qué pasa con esta familias? ¿Cómo podemos abordar socialmente esta cuestión?

Creo que primero habría que trabajar con los sindicatos, porque son ellos los que pueden transformar este tipo de leyes. El problema es que, desgraciadamente, la familia heteronormativa es la más común. El problema básico es pensar en el cuidado y a cargo de quién está; siempre estuvo a cargo de la mujer. Fijate que en Suecia, que es de los países más adelantados en legislación y demás, tuvieron que poner la licencia obligatoriamente para los varones porque al ser opcional, la tomaban solo las mujeres. Los varones no querían alejarse del mundo del trabajo porque perdían espacio; les “serruchaban el piso”, decimos en criollo. Entonces, para que sea realmente paritaria, Suecia tuvo que poner que fuera obligatorio para el varón tomarse licencia. Las licencias están pensadas para resolver las desigualdades entre varones y mujeres, pero no están contemplando a las familias homoparentales, lo que sí, es verdad que la realidad social va ensanchando las demandas. Miremos la historia de la lucha por los derechos, desde la Revolución Francesa hasta ahora, cada vez hay más colectivos que se plantan y luchan por lo que les corresponde. Es hora de que los colectivos de lesbianas, gays y personas trans incidan en estas leyes. La ley es heteronormativa, fijate que existe el matrimonio igualitario, pero no se pensó en este tipo de cosas.

—La madre no gestante no figura en las leyes, como tampoco dos varones que adopten, donde la ley les da dos días por paternidad.

—Es que estaba bien, si nos ponemos en el papel anterior, que se protegiera a la madre que es la que engendró, estaba bien; es la que tiene el cuerpo destrozado, cansado, que pierde leche. Quienes hemos sido madres sabemos que los días siguientes al parto son una pesadilla y que te den un tiempo para reponerte está bien; pero claro, queda una cuestión pendiente.

—Y cuando se analizan las horas de trabajo, con respecto a la división sexual del trabajo, todos los enfoques son heteronormativos; se habla de cuánto hace el varón y cuánto la mujer, con lo cual las familias homoparentales quedan afuera de estos análisis que también sirven para fijar políticas públicas, por ejemplo en materia centros de cuidados para la infancia.

—La madre biológica sí tiene reconocidos los derechos, entonces los colectivos lésbicos tienen que salir a plantear esos vacíos legales. La ley siempre está más atrasada que la sociedad. A la ley hay que ir empujándola.

—El 28 de junio se celebró el Día del Orgullo LGBTI -por la Revuelta de Stonewall de 1969-. En ese momento el Orgullo sirvió para salir a luchar por derechos ¿Cómo creés que se resignifica hoy, en un contexto de regresión en materia de derechos, el Orgullo?

No hay diferencia con los colectivos de los y las trabajadoras en materia de derecho, pero me parece que es más que una cuestión de luchar por no ser hostigadas ni padecer crímenes de odio. Creo que fascistas e intolerantes hubo siempre, pero había más cuidado porque desde el Estado había un discurso preponderante de respeto: “la Patria es el otro” y ese tipo de  manifestaciones, hoy no existe eso. Hoy desde el gobierno hablan de “la industria de los juicios laborales”, y es una mentira porque quien conoce mínimamente lo que es el derecho laboral sabe que la mayoría de los juicios los pierden los trabajadores. Es una mentira oficial antiderechos que emana y eso permite desbordes y justifica violencia, es muy peligroso. La policía siempre fue semi autónoma y ese es un bastión que nunca se quiso tocar, lo mismo que el servicio penitenciario. Fijate que en el momento en que ganó Vidal, desde el servicio penitenciario festejaban los guardia cárceles, algo dice eso. Ahora más que nunca hacen lo que quieren. Por eso, retomando lo de la palabra orgullo, son otras épocas y ahora hay que hablar en términos de derechos humanos. No es solo eso “acá estoy”, “soy visible”, “nuestro amor es visible”. Antes, gays y lesbianas eran insumisos, y ni siquiera estaba en el horizonte el casamiento, son épocas. La familia era el lugar desde el cual se discriminaba a gays y a lesbianas, hoy creo que habría que ir más allá del Orgullo y apelar a los derechos humanos, porque lo que se están violando son derechos humanos. Estoy muy preocupada por todo lo que está pasando, porque cuesta tanto todo. La emancipación humana es un camino tan escarpado que el hecho de que se vuelva atrás, que se pierdan derechos, es tremendo. Hay una cuestión medio facistoide del sentido común y eso es lo que hay que desarmar. Cuesta mucho romper el discurso faciloide: “no quieren trabajar, viven de los planes”, entonces hay que remarla y si encima hay una cultura oficial que desarticula la ley de Educación Sexual Integral -ESI- que era un lugar para la diversidad y todo lo que fuera derechos, estamos al horno. Y yo sé con el amor que fueron hechos esos materiales, y como fueron pensados; con miradas en los dibujos: que no hubiera todas nenas blancas y delgadas, que haya dos nenes como un amor posible, dos nenas, que las niñas no estén jugando únicamente dentro de la casa sino que se las vea en el patio, hasta ese nivel de detalle. Es muy doloroso que eso no se implemente; que se hable de la libertad de vacunar o no, porque, en realidad, no quieren comprar vacunas. Entonces, una que ya tiene unos cuantos años y ha transitado por varios caminos y conoce a gente que está trabajando en los ministerios, ve que hay una desarticulación sistemática de las políticas que ampliaban derechos y es muy duro. Me entero que no compran medicamentos oncológicos o preservativos; y la gente que trabaja responsablemente renuncia. Además del sentido liberal de achicar el gasto público y la insensibilidad, como dijo Dilma Roussef: “Las elites son impiadosas”. Ni siquiera son verdaderos liberales, porque un liberal lo primero que tendría que hacer era separar la iglesia del Estado, sin embargo siguen con la política genuflexa y aún más.

–Y ¿qué pensás con respecto al proyecto de ley de libertad religiosa?

—Es terrible, y ni hablar de las otras iglesias, ¿qué hacen los Testigos de Jehová, los evangélicos que le hacen seguidismo a la iglesia católica? En vez de contrapesar el poder inmenso que tiene.

Hablemos de mujeres, hoy

En la actualidad, el movimiento de mujeres está fortalecido, aún en las discrepancias, porque si bien está conformado por mujeres de distintas ideologías partidarias, es el único que presenta reclamos sólidos y los sostiene -tanto en el ámbito nacional como internacional- y, a pesar de eso, vemos que se lo reprime y persigue. Están procesadas mujeres militantes por presuntas pintadas en las paredes y se acusa a Victoria Aguirre de cómplice de asesinato de su hija por una justicia patriarcal, misógina y sin perspectiva de género que no contempla las situaciones que nos imposibilitan y nos dejan sin recursos. Selene -su hijita- fue víctima de femicidio vinculado, una de las formas más paralizantes que adquiere la violencia, cuando para aleccionar, amenazar y dominar a una mujer se lastima a seres queridos por ella.

Mónica cree en la obligación que tenemos como activistas de preservar la memoria de las luchas feministas que nos antecedieron y la importancia de establecer fuentes y continuidades con quienes nos precedieron y resaltó -para todo el auditorio- lo fundamental de llegar a la comprensión de los procesos históricos y la necesidad de contextualizar toda represión sobre nuestro movimiento. Hizo una historización de las olas y los movimientos. Estamos iniciando la cuarta ola, las mujeres hace años que estamos en las calles, pero ahora nos apropiamos de ellas y hablamos de derechos y de goces y los habitamos, como habitamos internet y las redes sociales. Militamos desde ellas también. Gracias a esta forma de militancia, Highi -mujer lesbiana acusada de asesinato por defenderse de una violación correctiva- llegó a las agendas de medios que jamás la hubieran mencionado; y todo el país habló de Belén -quien estuvo presa por un aborto espontáneo-; gracias a estas maneras de militar se realizó este año el primer Paro Internacional de Mujeres, en más de 50 países en simultáneo.

El feminismo es y ha sido siempre un movimiento descentralizado, integrado por mujeres de distintos espacios, extracciones y experiencias, incluso con estrategias políticas diversas. Está integrado por mujeres que se exponen y se gastan, pero también ríen, juegan, crean, impactan, se piensan y se cuestionan, por mujeres simples, fuertes, contradictorias, minas que se protegen y se divierten juntas. Es un movimiento que usa el cuerpo como herramienta política, que ocupa espacios para oponer resistencias, para limitar el avance y decir ¡basta! El cuerpo es causa y vehículo de la protesta social y política. Para Mónica Tarducci los cuerpos desnudos no son per se revolucionarios, pero sí contradictorios: producen contradicciones en quienes los exponen y aún más en quienes observan. Están ahí y están diciendo y sintiendo muchas cosas, es otra forma de estar y de habitar lo público.

—¿Cómo ves en la actualidad al movimiento de mujeres y cómo creés que se puede canalizar esta fuerza y energía que se vió reflejada en cada marcha o en el Paro Internacional de Mujeres?

Esa es la gran pregunta; es un momento de cambio y de mucha convulsión social, es difícil prever qué va a pasar. La masividad del Ni Una Menos tiene que ver con la indignación moral. La indignación es bastante apolítica; es una emoción y si bien las emociones sirven para la lucha política, para que te inmiscuyas y para que el sentido de vergüenza se transforme en orgullo el tema es qué hacés después con eso. En un artículo que escribí, muestro con mis entrevistas a lesbianas de los años 80, cómo ellas pasaron de la vergüenza al orgullo y cómo, fundamentalmente, ese paso se los dió el feminismo. Es increíble el nivel de ocultamiento y el sentimiento de culpa que tenían estas mujeres por ser lesbianas. Ellas se habían criado en un convento y no sabían que “eso” existía. Y yo las entiendo, eran más grandes que yo, y en mi infancia la palabra lesbiana no la escuché nunca. Vengo de una familia de clase trabajadora, no sé si en los ambientes más sofisticados o de gente artista se mencionaba. Una de mis informantes -para esa nota- me dijo que ella provenía de un ambiente de actores, no ella, pero en su familia había dos o tres actores y se hablaba de que tal o cual era homosexual, varones siempre. Ella jamás escuchó que de una mujer se dijera que era lesbiana. El sentimiento, como en el caso de estas mujeres, impulsa la lucha política, pero después tiene que haber un programa, una reflexión más tranquila. Fijate que el Ni Una Menos en un principio fue tan amplio que cabía todo el mundo, de hecho había mujeres con carteles contra el aborto, y después algunas se habrán ido por no estar de acuerdo. En los diarios, este año, decían “¿qué tiene que ver Milagro Sala con Ni Una Menos? Se politizó”. En el transcurso de tres años cambió notablemente ese movimiento. Los procesos sociales son tan acelerados en este momento que no sabemos qué va a pasar realmente. Lo que me llama la atención y me gustaría hacer una investigación, aunque sea superficial, es sobre las chicas que se dicen feministas de tan jovencitas, qué entienden por ser feministas. Hay un boom de nenas -en edad de secundaria-, muy impactadas por la violencia de género, pero claro, es brutal que vayas a bailar y termines muerta y eso las impacta mucho. Pero qué va a pasar con ellas, ¿se van a transformar en militantes? ¿Tratan de cambiar las relaciones interpersonales o de hacer algo en el colegio? No lo sé, es un enigma para mí qué va a pasar con todo esto. Indudablemente, el contexto social represivo puede tener dos vertientes, por un lado el miedo a participar, que sería horrible, y por otro lado lo contrario: esto de que a las chicas las lleven presas por pintar tendría que indignarnos y decir, “bueno, vamos a salir todas a pintar todo”.

Estamos en un momento que representa para mí un gran interrogante. Estoy expectante; esperanzada, porque se ve mucha movilización y pienso que el movimiento feminista si es autónomo es un potencial increíble; y cuando digo autonomía no quiero decir imposibilidad de alianza, sino que responda a los intereses de las mujeres. Históricamente nos pasaba que algunas mujeres eran feministas mientras estaban en el grupo, pero si después entraban de diputadas ¡chau!, el aborto no corría más, todo lo que no era línea del partido se terminaba, no lo levantaban más.

—¿Qué pensás acerca de las redes sociales y de la militancia a través de ellas?

Yo nunca me olvido que Seattle, que fue la primera manifestación anti grupo de los 20, los antiglobalización eran todos chicos que se comunicaban por internet. Internet es una herramienta, por un lado posibilita la ampliación de derecho a nivel universal, porque hay un sistema de justicia universal a quien apelar, y en eso también ayuda internet. Pero también es un arma de doble filo porque el nivel de pavada y de lavado de cabeza que hay es inconmensurable. Ha cambiado radicalmente el sentido de la realidad, antes se leía el diario, ahora no; y la gente joven ni siquiera ve televisión, usan internet y ven las series y las películas por internet. Como toda herramienta puede usarse para el bien y para el mal, hablando en términos absolutos; también me parece que tiene un potencial comunicativo que se puede aprovechar.

Cuando cerraron una empresa en Buenos Aires a principios de los 2000, eran todas trabajadoras las que quedaban sin trabajo. Agarré el mail y escribí a todas las feministas que conocía y puse “¿por qué no estamos las feministas en la puerta de la empresa junto a las trabajadoras?”. En una hora armamos una marcha, inclusive hicimos un cartel con una tijera que decía “el juez y el patrón, cortados por la misma tijera” y eso fue maravilloso. Antes no se hubiera podido hacer, tiene sus ventajas la tecnología y por otro lado es un elemento de idiotización, todo tiene su lado A y su lado B.

La entrevista fue publicada en: https://sincerco.wordpress.com/2017/07/27/feminismo-diversidades-y-revolucion/

 

Loreley Flores

Loreley Flores

Locutora Nacional. Periodista Integral y deportiva. Diplomada en Promoción de Derechos Humanos y Políticas Antidiscriminatorias. Recibió el Premio Juan Manso por su programa "Bichos raros" (Radio Universidad de Rosario) por su compromiso manifiesto con la construcción de un periodismo con perspectiva de género.

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