Opinión

¿De qué lado de la vereda?

paro

El miércoles 8 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, fecha que más allá de la difusión comercial para promover la compra de flores y bombones, tiene como principal foco concientizar sobre los derechos no adquiridos de los que la sociedad tiene deuda pendiente con las humanas.

Argentina y países del mundo ubicados en los cuatro puntos cardinales del planisferio (algunos como Panamá, Turquía, Brasil o Alemania; y 50 más) llevaron a cabo un Paro Internacional de Mujeres para visibilizar qué sucede un día en que ellas no aportan trabajo, creatividad, tareas de cuidado a la familia, labores de limpieza en las casas, y consignas referidas a las violencias de género como la explotación sexual, la inequidad en el pago de salarios, la feminización de la pobreza, la tiranía que la Iglesia y el Estado ejercen sobre los cuerpos al no dejarlas decidir, la criminalización de las migrantes y los derechos de personas homosexuales, transexuales y travestis.

Luego de meses de asambleas abiertas y democráticas en las que mujeres representantes de diferentes sectores y autoconvocadas dieron forma a la manifestación que se llevó a cabo en toda la Argentina, la jornada del #8M #ParoInternacionalDeMujeres – como se la reconoció en las redes sociales junto a la consigna #VivasNosQueremos- se desarrolló con un “ruidazo” que comenzó a las 12 del mediodía y el inicio del cese de actividades. En Buenos Aires, una movilización a las 17 se desplazó desde Congreso hasta Plaza de Mayo para culminar con la lectura de un documento único con los puntos explicativos de las violencias que atraviesan a las mujeres y personas travestis y transexuales a lo largo de sus vidas y que se pide sean consideradas por el Estado en su papel de garante de los derechos establecidos en leyes vigentes y de los que aún quedan por tratarse, como el aborto legal, seguro y gratuito, demanda que subraya que son las mujeres pobres las que mueren por falta de condiciones de salubridad, dado que quienes tienen mayor poder adquisitivo se hacen las prácticas bajo una atención más cuidada, si bien siempre en un marco de marginalidad.

Fueron más de 300 mil aquellas que con canciones, colores, banderas, pidieron al grito de #NiUnaMenos. También hubo varones acompañando. Después de terminado el acto, y cuando ya se habían retirado la mayoría de las participantes, algunas de ellas, en grupos que se reunieron en bares o continuaban manifestando o simplemente transitando la calle, fueron víctimas de una razzia policial, detenidas y requisadas por personal de fuerzas de seguridad, en ciertos casos, sin identificación, circunstancia similar a la del día anterior con lesbianas militantes mientras promocionaban las actividades.

Las respuestas

Asombra que en un país que ha sufrido la violencia y la persecución, haya personas que manifiesten que “no las representan” esas mujeres que varios medios se han encargado de mostrar como agresivas, mientras ocultaban a qué respondían ellas, o cómo se las sometía a agresiones, violando sus derechos.

¿Y quiénes son representativas, entonces? Porque es verdad que no hay una sola manera de hacer reclamos. En el caso del #8M, por ejemplo, algunas personas se expresaron en sus barrios, otras prefirieron la gran multitud, y también de varias diversas maneras, con performances, o cantos, o pintando sus cuerpos, portando banderas, y otras, se sintieron cómodas desde su rol de acompañar, aplaudir, sacar fotos, mirar. Todas son expresiones dignas. Porque hacer oír la voz en los derechos es en sí un acto digno. Las grandes conquistas han comenzado así. Lo que hoy se naturaliza por cotidiano (el voto femenino, calzarse pantalones, elegir entre muchas posibilidades de profesiones, y una más extensa lista) fueron en su momento puntos para la acusación de aquellas que se jugaron el buen nombre. La pasividad cuando se considera que algo no está bien, no termina como aliada de los logros.

Esas mujeres, lesbianas y bisexuales, travestis y personas trans que estaban allí militando el #8M, son las que salen cotidianamente a dar la mano a sus congéneres en peligro; quienes promueven las denuncias que las instituciones desoyen, y que se paran frente a los juzgados para exigir justicia, o se interponen a un policía para que no le peguen a otra. Ellas juegan su cuerpo, su voz, su energía. Alguien puede no identificarse para llevar a cabo estas acciones y también es válido, pero de allí a desacreditarlas, a considerarlas con desprecio, el camino es peligroso. Ellas se exponen por las que no conocen, simplemente, por la sororidad –alianza entre mujeres- que desde los grandes poderes se intenta destruir, porque en la división es sencillo dominar.

Quienes no quieran mostrar las tetas, que usen sus corpiños; las que deseen no abortar, continuarán con sus embarazos; las que no se sientan convocadas a elegir libremente, pueden seguir buscando hombres que lo hagan por ellas; el punto es que las violencias no paran allí, avanzan y se cuelan por cada costado: un padre que no pasa alimentos, un médico que toca en el lugar que no es el doliente, el joven que acosa porque no quiere entender un no; y así en una escala ascendente que termina con el número de una mujer muerta cada 18 horas a manos de los hombres que decían amarlas, de niños y niñas abusados en el interior de sus familias y de adolescentes desaparecidas en una tierra que no se traga a las personas.

No es necesario aplaudirlas si no se desea, pero será necesario repensar la historia, porque la realidad que se conoce porque otros la contaron suele soslayar las partes que cambiarían las posturas que se pretenden mantener; y ponerse en la otra vereda, puede equivaler a quedarse del lado de quienes algún día se interpondrán justo allí donde comienza la propia sombra.

El machismo no tiene género, y la violencia tampoco, pero sí apuntan a víctimas predilectas, son esos seres que el patriarcado ha construido como débiles porque justamente les ha otorgado menos oportunidades para dominar mejor. Deconstruir esa normativa es un camino complejo y, la mayoría de las veces, poco sereno.

 La nota fue publicada en: http://www.marcha.org.ar

Noor Jimenez Abraham

Noor Jimenez Abraham

Doctora en Ciencias de la Comunicación Social. Periodista con perspectiva de géneros. Encargada de área Prensa y Comunicación de Ong RATT Argentina (Red Alto al Tráfico y la Trata). Conductora, productora y realizadora del programa radial “Mundo a la Par”. Traductora Pública.

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