Opinión

Cuestión de oficio

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Los chicos en patas, las patas en el barro, el barro en las calles, en las casas, en las patas de los pibes. La Villa Evita era el mismo barro y en el centro, un fuego donde se cocinaba algo. “Es la yegua que nos mató el rayo”, dice el “Ronco” (si tenía nombre, nunca lo supe), mientras la mujer revolvía algo en la enorme olla tiznada. Algo que podía ser la yegua, pero también un perro –o varios perros- o quién sabe algunos pedazos de vaca. Generosos, ofrecen compartir el misterio de la olla y respetuosa, acepto aunque se me de vuelta el estómago al tragar esos pedazos confusos, entremezclados con papas y una salsa que asquea. Me acomodo lo mejor que puedo en el banco de tres patas y charlo de intrascendencias mientras doy vueltas en la boca el mejunje que sabe a cualquier cosa que mejor no pensarlo. “Señora”, me dicen y me avergüenza. “Señora” porque llego en auto, porque escribo y porque escribo de ellos, que saben que de esa manera saldrán del anonimato y alguien se acercará a ayudarlos.
Podría terminar la nota en unos minutos. Pero me demoro. Algo me impide moverme y me obliga a quedarme quien sabe más de una hora escuchando los testimonios que duelen, que me duelen, que me avergüenzan más y más, que me van –y lo siento físicamente-, cortando de a tiritas. No tengo mejor modo de definirlo. Me desgajan, me desgarran.
Saco los pies del barro: la próxima nota es en el Sheraton. “De la villa al Sheraton”, me dice el fotógrafo, cagándose de risa. Pavada de oficio que te lleva de una punta a la otra de la vida, sin que medie más que la distancia y el orden establecido en el cuaderno de notas. “Limpiate las patas”, me advierte cuando llegamos al hotel, donde nos esperan los médicos de un congreso donde el tema son las enfermedades de la pobreza. Allí mis patas vuelven a ser los pies bien calzados de una mujer en condiciones sociales “aceptables”, que hará preguntas inteligentes, a gente que sabe cuáles son los males de los que quedaron allá, en la villa Evita, en el medio de ese barro que nunca pisarán.
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Susana Scandali

Susana Scandali

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