Violencia de género

“Cosa mía”: seis historias para pensar la violencia

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La vida cotidiana nos presenta historias de violencia contra la mujer a diario, en lugares públicos, en un medio de transporte, en el trabajo. Nos hacen sentir  espectadores pasivos e inútiles, incapaces de intervenir y resolver algo. Esa violencia nace de una cultura ancestral de posesión de la mujer. Así, el amor romántico se transforma, muchas veces, en una trampa mortal.

En ese sentido, la obra de teatro “Cosa Mía”, dirigida por Marcelo Nacci y Emiliano Samar, presenta seis espacios donde el romanticismo y la posesión se convierten en el motor de esa violencia. Seis historias donde la violencia no llega a estallar pero se muestra en su tensión preliminar, en el miedo, la angustia y la desesperación que la antecede, como un intento de poder reflexionar sobre las causas que lleva a la muerte de tantas mujeres, y no tanto sobre el hecho consumado e irremediable.

“Cosa mía” es el proyecto final del 4to año turno vespertino de la EMAD (Escuela Metropolitana de Arte Dramático) 2015. Su dramaturgia fue encargada a la dramaturga, directora y docente Laura Fernández, según los lineamientos trazados por la cátedra de actuación del curso, a cargo de Marcelo Nacci y Emiliano Samar, en base a la conformación del grupo de estudiantes (ya egresados a la fecha) y al recorrido pedagógico de los años previos y del objetivo a alcanzar en el último año. La temática elegida fue la violencia contra la mujer. Por ser un tema cuyas manifestaciones son variadas, fueron concebidas por la dramaturga seis escenas inspiradas algunas de ellas en casos reales y otras en la reflexión a partir de esos casos. También buscamos que la duración de las escenas no fuera demasiado extensa (10 minutos como máximo), recreando esos minutos previos al crimen, bajo la consigna de “últimas imágenes antes de matar o morir”. Esto generó la escritura de escenas con un conflicto ya planteado, casi en el clímax de tensión dramática, todas ellas interrumpidas antes de que suceda el momento fatal.

El título se dio a partir del estudio de la canción “Amarte es un placer” cantada por Luis Miguel, en la que detectamos estrofas donde el romanticismo le abre paso a la posesión y cosificación de la mujer. “Amarte como cosa mía” dice una de las estrofas, como clara alusión a lo que se acaba de mencionar.

La puesta en escena parte de la premisa de que la violencia contra la mujer ocurre muchas veces en los distintos ámbitos de nuestra vida cotidiana, muchas veces al lado nuestro, frente a nosotros, en un pequeño gesto o palabra y también en una situación más expuesta. En todos esos casos somos interpelados en nuestra condición de meros espectadores, ya que son situaciones que nos conectan con nuestra inacción, nuestra impotencia o nuestro impulso de intervenir. Es por todo esto que el espectáculo se inicia desde la entrada del público, compartiendo el espacio con las actrices y los actores, todos tomados por la misma sensación de incomodidad que se genera en los espacios de la vida cotidiana ante un hecho real de violencia. Las víctimas y victimarios están ahí, con nosotros, somos nosotros. La escenografía, encargada a dos egresadas de la EMAD, busca recortar los espacios reales donde sucede la acción y plasmar ese recorte en el espacio total, un espacio que se conforma con los 6 recortes y con el movimiento continuo de escenografía, luces, actrices y actores.

La puesta busca recorrer como lo hace la mente, busca la dinámica de los espacios reales, la calle donde le pegaban, el bar donde la acuchillaron, la casa donde fueron asesinadas. Así el espectador se halla de pronto frente a la pared con grafitis de una calle cualquiera, dentro de una cocina de una casa, en el baño de otra, en el pasillo frente a la puerta de un cuarto, dentro de un desván, de un camarín, o sentados a la mesa de un bar, y todo con la ligazón de un sueño o, nunca mejor usada la imagen, de una pesadilla. Pero el fin último es despertar de la pesadilla para empezar a vivir una realidad con menos violencia.

El trabajo con los estudiantes/actrices y actores fue todo un desafío por la gran carga emocional que implica el tema. La puesta necesitaba que ellos pudieran salir de las situaciones para armar los distintos espacios. Fue una tarea de calibración del accionar en escena y del estar fuera de ellas, siempre en una totalidad con los distintos recortes y con la sucesión temporal.

“Cosa mía” propone un viaje, no solamente a los espectadores, sino a las actrices y actores que actúan en ella, un viaje conjunto a través de un túnel que se sumerge en la profundidad de un tema desesperante y del que pretendemos salir con mayor luz de la que entramos, iluminando desde nuestro humilde y vital aporte una zona donde la mujer es víctima de una cultura que la aplasta desde hace siglos. La tarea es cosa nuestra, de todos.

La obra puede verse en el Teatro la Comedia, Robriguez Peña 1062 (Ciudad de Buenos Aires), los domingos a las 20.

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La Red

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