Salud

Acompañar con afecto

esquizo

Escuchar voces y tener visiones, paulatino aislamiento social, problemas cognitivos, apatía, pueden ser algunos de los síntomas de una persona que tiene esquizofrenia. Pero su diagnóstico no es sencillo.

La hija de Fernando Domato, Paola, tuvo problemas de comportamiento desde los 4 años. Desde un primer momento estuvo atendida por diversos profesionales de la salud, pero siempre le decían que tenía trastornos de personalidad. El disparador para llegar a un diagnóstico certero fue una conferencia organizada por la Asociación Cordobesa de Ayuda a la Persona Portadora de Esquizofrenia y su Familia (Acapef). Al escuchar a un psiquiatra hablar de esquizofrenia, a los padres de Paola les pareció que su hija podría llegar a tener esa enfermedad. Así fue como se acercaron a Acapef y confirmaron su presunción ya cuando su hija estaba en cuarto año de la universidad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la esquizofrenia es una forma grave de enfermedad mental que afecta a alrededor de 24 millones de personas en el mundo, pero más del 50 por ciento no está recibiendo atención adecuada lo cual contribuye a su cronicidad.

“Las esquizofrenias son un grupo de trastornos mentales que afectan al cerebro. Se inician en la concepción, desde que se forma el cerebro en el feto. Tiene una base psicogenética y también tiene un contexto epigenético (influye el entorno y los hábitos de vida) que hace que la patología se exprese”, explica el psiquiatra Raimundo Juan Muscellini , asesor de Acapef, uno de los mentores de la organización en 1995.

“Es muy común que a Acapef lleguen personas con un estado avanzado de la enfermedad porque se confunden las conductas y se llega tarde al tratamiento. Es importantísimo el diagnóstico precoz porque cambian mucho las perspectivas”, dice Patricio Ortiz, uno los padres fundadores de la organiza ción que hoy trata a alrededor de 100 personas. Su hija, Virginia, fue diagnosticada a los 23 años y desde entonces lleva a cabo un tratamiento psicofarmacológico: “Tomo una droga todos los días, tengo terapia individual y grupal. Los resultados son excelentes: pude sostener mi trabajo, estudiar, tener amigos y novios”, expresa Virginia, que ahora tiene 49 años y es docente.

Acapef tiene instituciones hermanas en Córdoba que complementan el trabajo que realizan: Fundación Recuperar está enfocada en la investigación de las esquizofrenias, psicoeducación, tratamiento y diagnóstico precoz, y la Casa Club Bienestar, que ofrece tratamiento ambulatorio de rehabilitación y reinserción psicosocial, y mútiples talleres para sus pacientes.

Otro de los pilares del tratamiento es la psicoeducación de la familia, que “permite desarrollar una estrategia terapéutica que incluya al entorno para el apoyo de la persona con esquizofrenia”, describe Muscellini. Es que según Ortiz, “si la familia no está psicoeducada procede exactamente al revés de cómo debe, sobre todo por la exigencia a la persona enferma de que cumpla con determinadas cosas que le son imposibles y van en contra de su tratamiento”.

Gabriel Gottero tiene a uno de sus hijos, de 34 años, con esquizofrenia y asegura que “las familias que sufrieron el impacto de una enfermedad mental grave como ésta, posiblemente no vuelvan a ser nunca más como fueron antes que esto ocurriera. Sin embargo, y gracias a Acapef, institución a la que pertenezco desde hace 12 años, hoy mi hijo afectado y toda su familia nos encontramos bien, cada uno en sus actividades, y siempre sobre la base de tolerancia, respeto y de comprensión y aceptación de la realidad”.

La nota fue publicada en:  http://www.tercersector.org.ar/upfiles/nota_archivo_248_1339276329.pdf

Mariana isasi

Mariana isasi

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