Opinión

Fiesta

adri

Palabra tabú, el cáncer fue durante muchos años sinónimo de muerte.

El progreso desarrolló nuevos cánceres, la posibilidad de un diagnóstico precoz  y también en muchísimos casos el remedio. Así la industria del líquido rojo florece y un ejército de peladitas y peladitos están ahí para dar fe.

A los cuarenta y cinco años supe que tenía uno. Mazazo total:  Como si fuera una especie de abuso, la muerte y su sombra escandalizan.

Sobrevivir a un cáncer fue entonces la experiencia más fuerte que me tocó en vida. Gracias a Él cambié de parecer, de alimentación y de hemisferio (terráqueo, cerebral, afectivo).

Porque nada mejor que un buen cáncer para reactualizar la cuenta regresiva de la vida -que en realidad se puso en marcha el día del nacimiento- aunque la memoria se empeñe en ocultárnoslo.

A veces los tratamientos son tan bravos como  la enfermedad.  Ahora…la enfermedad sin tratamiento es peor que la muerte ¿y la muerte? Vaya uno a saber dónde está, cuándo vendrá, y a qué se parece. Entonces insistimos y probamos: quimio, radio, grupos de ayuda. Y un buen día te dan el alta.

Dos palabras se cruzan, la del médico y la tuya. Por ejemplo: tratamiento sin paciente que quiera vivir, no funciona. Deseo de vivir, sin artillería médica, casi nunca alcanza.

A mí me fue muy útil el cáncer,  porque todo lo que vivimos tiene que servir para algo. Cuando llegué al final de la quimioterapia me tenían que operar  un pecho y sacar un tumor.

Que miedo me daba siquiera considerar la posibilidad de dejar este mundo.  Quería tanto vivir que cuando me desperté ya en la cama del hospital, y que además sentí por debajo de las vendas que aún tenía dos tetas me levanté para festejarlo.  Me puse el tapado sobre el pijama y las botas de invierno  y salí a caminar por el patio del viejo hospital, con la alegría de quien está  llegando a una fiesta, en la mañana más fresca y hermosa de mi vida.

Las visitas de otros pacientes y alguna enfermera suspicaz me miraron como a un fantasma: En pijama, con ese tapadón, completamente pelada y saboreándome un cigarrito de los que ya -por prudencia- no fumo más, algo de razón tenían. Un fantasma feliz.

Una vez mi madre soñó que en medio de un gran gentío mi papá ya fallecido la llamaba con un gesto. A mí me había llamado la vida, y yo acudí.

Adriana Pedrolo

Adriana Pedrolo

4 Comentarios

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  • Excelente descripción.- Viví exactamente lo mismo a los 45 y a los 55, para ser prolija en ambas mamas, mi vida cambió en todo.- Conservé mis mamas pero no conservé los pensamientos negativos, a partir del cáncer todo fluyó, el espíritu, la vida, los amores.-
    Hoy, después de 8 años del último cáncer, mi prioridad soy yo y mis afectos.- Ya no tomo medicación preventiva, únicamente los controles de rigor y vivir mi vida a full.-
    Gracias por recordarmelo!!

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