Femicidios

Cuerpos que hablan

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Una misma metodología, el abuso, el descuartizamiento, el desecho en bolsas negras. Enterrados, desnudos, en descomposición, así aparecen los cuerpos de cientos de mujeres –cada vez más chicas- cada año. Así la crónica se repite casi como un calco, la misma letra que da cuenta de la misma inmundicia de un comportamiento machista, violento.

A Gisela López la mataron y la tiraron, truncaron sus sueños, sus expectativas, sus anhelos, sus amores, en un momento de la vida en que los sueños, las expectativas, los anhelos, los amores lo son todo.

El cuerpo de Gisela –como el de Priscila, Agustina, Ángeles, Lola y tantas otras mujeres– habla de la violencia instaurada en esta sociedad que toma a las mujeres como objeto, un objeto que se toma, se abusa y se desecha, en una época en la que el cuerpo es permanentemente violentado. Se muestran cuerpos abusados, fragmentados, mutilados, tatuados, estetizados, intoxicados, inventados.

¿Qué estamos haciendo como sociedad frente a esto? ¿Hasta dónde la difusión de estos casos que se repiten hasta el hartazgo no vuelve a ser un mensaje de  incitación al odio que conlleva a la muerte de miles de mujeres año tras año, cada vez que una mujer decide hacer lo que quiere con su vida?

Hay un discurso que nos he hecho creer que el cuerpo de las mujeres es territorio –y por tanto potestad– de la Iglesia, del Estado y de los hombres. Un cuerpo que no nos pertenece a las mujeres, y por lo tanto, cualquiera puede hacer con él lo que quiera. Es por esto también que nos enfrentamos a todo tipo de cuestionamientos sobre nuestros cuerpos y sobre lo que hacemos con ellos.

“La invasión del territorio corporal y la invasión de pueblos, la necesidad de marcar las parcelas de tierra y los cuerpos de las mujeres, son distintas caras de un prisma que proyecta una imagen subordinada de las mujeres, objetiviza sus cuerpos y propone a la agresividad como uno de los componentes indispensables de la masculinidad”, ha planteado en Cuestión de vida, el Comité de América Latina y el Caribe para la defensa de los derechos de la mujer, en el 2000, y es una clara definición del concepto que está mediando en esta época.

Gisela es mi hija, mi hermana, mi sobrina, mi amiga, la madre de cualquiera de nosotrxs, mi vecina…Gisela nos vuelve a poner frente al espejo de una realidad que esgrime el máximo poder en el que puede caerse para sojuzgar, violar y matar, el poder del abusador, a la apropiación del cuerpo.

Políticas de género transversales

Debemos pensar qué debemos hacer para que estas formas de violencia contra las mujeres sean consideradas como tales, y cuál es el rol que nos corresponde en la cadena de restitución del valor de la vida y el respeto hacia las mujeres.

Hablamos de una política pública que atraviese todas las áreas, que permita obtener una mayor concientización de la población, con una educación basada en la  perspectiva de género, con capacitación de los entes responsables, con medidas efectivas de protección, ayuda y compensación de las víctimas, y en definitiva con el compromiso y alianza de la sociedad organizada, para buscar el cambio cultural que se precisa.

Ese cambio tiene que estar basado en “transversalizar la perspectiva de género” como un proceso que permita poner en valor  acciones planificadas, ya se trate de legislación, políticas o programas, en todas las áreas y en todos los niveles, y en donde la definición de las estrategias esté formulada por mujeres y varones como parte integrante de la elaboración, puesta en marcha, control y evaluación de las políticas y de los programas en todas las esferas políticas, económicas y sociales.

El rol de los medios de comunicación

En una entrevista, la antropóloga argentina y residente en Brasil, Rita Segato,  explica cómo el cuerpo de las mujeres es el soporte privilegiado para escribir y emitir el mensaje violento y aleccionador que cuenta con la violencia mediática como “brazo ideológico de la estrategia de la crueldad”.

La reflexión de Segato, propone pensar en el mensaje que se transmite en estos crímenes que “ahora, parecen no tener límite doméstico, sino que acontecen en medio de un bar, un jardín de infantes o la calle misma”. “Se trata –dice Segato- de una ‘pedagogía de la crueldad’, indisociable de una intensificación de la ‘violencia mediática’ contra las mujeres”.

Esta “conquista de los territorios, de rapiña de todo, sin límites legales”, como lo ha definido la especialista, nos lleva a preguntarnos si no es necesaria la regulación de normas que contemplen distintas formas de prevenir, sensibilizar y sancionar la exposición del cuerpo de la mujer contra su voluntad en los medios de comunicación, así como la necesidad de encontrar nuevos procesos sociales donde a través de distintas acciones –creativas e innovadoras que refuercen el contenido social del lazo solidario y de empatía– podamos advertir y poner luz sobre estas formas de dominación a través de pautas culturales que nos someten una y otra vez en un juego de espejos entre la realidad y la realidad mediatizada.

Para que esos cuerpos mutilados, enterrados, desechados, no aparezcan como un hecho más que se naturaliza y por lo tanto nos insensibiliza, sino que podamos entender que Gisela, Priscila, Agustina y cada chica de la bolsa, somos todxs.

Pensar y actuar de acuerdo con nuestras necesidades y deseos nos convierte en terroristas y a las terroristas hay que eliminarlas o en su defecto, castigarlas a través del encierro, la humillación pública, la agresión física, verbal, psicológica, el exilio y la discriminación entre otras formas de desarraigo” (Leda García Pérez)

La nota fue publicada en: http://xn--telaraadigital-vnb.com.ar/noticia.aspx?id=2400

Sandra V. Miguez

Sandra V. Miguez

Periodista y comunicadora social. Formación en psicología gestáltica

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